Demasiado jóvenes para morir

Por en Deportes 11/12/12 1:36 PM

En sus 42 años como entrenador de boxeo en Chicago, George Hernández vio todo tipo de violencia en las vidas de varios de sus pupilos. Uno de sus púgiles más famosos, Francisco ‘Paco’ Rodríguez, falleció en 2009 después de una pelea en Filadelfia. Y varios otros perdieron la vida en hechos lamentables.

“Lo de ‘Paco’ fue otra cosa (relacionada directamente con el boxeo) pero como entrenador en Garfield Park me mataron a 28 boxeadores”, comentó Hernández. “Fueron 26 hombres y dos mujeres. A casi todos los mataron con pistolas”.

Hernández y muchos otros entrenadores y boxeadores amateurs estuvieron el pasado fin de semana en La Villita Community Church (2300 S. Millard, Chicago), una iglesia que es sede del Chicago Youth Boxing Club (CYBC), un gimnasio de boxeo que intenta dar oportunidades a los jóvenes a través del deporte.

CYBC presentó una exposición de Carlos Ortiz, un periodísta fotográfico de Puerto Rico que retrató en decenas de imágenes hechos de violencia en Chicago en una muestra titulada “In their words…Too Young to Die” (En sus palabras…Muy Jóvenes para Morir). La exposición sirvió como preámbulo para un torneo de boxeo aficionado para púgiles de Illinois, Indiana, Michigan y Wisconsin.

Historias boxísticas

Al igual que Hernández, otro entrenador local como Armando Piña Jr. también relató algunos casos muy cercanos.

“Damián Sandoval, un muchacho que entrenábamos nosotros, ganó el torneo de Ringside en Kansas City y tenía un futuro brillante pero lo agarraban en la calle y no lo querían soltar. Yo le dije a su abuelo, ‘cuídelo porque puede llegar lejos’ y él me respondió que ‘aquí (en Back of the Yards) no se puede’”, recordó Piña. “Ahora a los 13 años lo agarró la policía, no sé dónde está pero ya no quiere más al boxeo”.

Piña relató también el caso de Rafael Mondragón, quien había recibido el premio al “Boxeador más Duro” en una edición de los Guantes de Oro pero continuó con problemas con la ley y pagó un  alto precio.

“Lo habían balaceado una vez, lo regresamos al boxeo pero se peleó otra vez en la calle y lo deportaron a México el año pasado”, recuerda Piña.

Hernández cree que la labor de clubes como CYBC para sacar a los muchachos de las calles es muy positiva pero insuficiente.

“Es como poner un ‘Band Aid’ (bandita). ¿Qué hacemos con sacarlos por tres horas de la calle? ¿Qué hacen cuando van a la casa y tienen los bolsillos vacíos?”, indicó el entrenador. “Hay que hacer programas para los niños y los muchachos de 17 o 18 años que son los que tienen más problemas. En los barrios se necesitan programas vocacionales o tecnológicos para crear trabajos”.

Uno de los entrenadores de CYBC es Gabriel Navarro, quien también brindó su opinión. “El boxeo para hacer dinero es muy duro. De los que están peleando aquí sólo Alex Martin (tres veces campeón de Guantes de Oro de Chicago y una vez campeón nacional) va a hacer dinero”, aclaró. “Pero acá nosotros ayudamos a los niños para que tengan mejores Report Cards (boletas de calificaciones) en la escuela y vemos si el boxeo los está ayudando. A mí nadie me ayudó cuando era joven y no quiero que eso les pase a ellos”.

Ejemplos de vida

En el boxeo amateur de Chicago hay varios casos de muchachos que cambiaron sus vidas gracias al deporte e intentan transmitir su experiencia a futuras generaciones.

José Rivera, de 20 años, pelea en las 132 libras y posee un récord de 10-2. Una de sus razones para combatir es darle un ejemplo de disciplina a su pequeño hijo de tres años.

David Ordaz, de 25 años, entrena en el gimnasio Simons Park y dice que el boxeo le cambió la vida además de su propio físico.

“Bajé 70 libras en un año y gané mis primeras cinco peleas como amateur”, señaló el último campeón de los Guantes de Oro de Chicago entre los novatos de 165 libras. “El boxeo me ayudó mucho física y mentalmente y también para estar afuera de las calles o mirando la televisión. Me siento más activo y con más energía. Yo trabajo en una mueblería y después voy al gimnasio a entrenar”.

Al igual que Rivera, Ordaz piensa en sus dos hijas. “Esto (dedicarse al boxeo) es un sueño que se me concedió y quiero darles un ejemplo a mis hijas”, dijo.

Otros muchachitos que estuvieron en la iglesia de La Villita este fin de semana tienen motivos similares. Juan Guerra, de sólo 16 años pero con gran experiencia y 60 peleas como aficionado, dice que se enamoró del boxeo la primera vez que subió a un ring. Y el deporte le ha ayudado a ser mejor estudiante.

“Si no saco buenos grados mis padres no me dejan venir al gimnasio”, comentó el alumno de la secundaria Farragut, la escuela de donde surgió el basquetbolista Kevin Garnett. “En la escuela me han preguntado si me quiero meter en las gangas, pero gracias al boxeo no estoy en las gangas, las drogas y todo eso”.

Los más chiquitos también van buscando un camino saludable en la vida a través del boxeo. Un caso es el de Miguel Echeverría, un pequeño de apenas 10 años que vino a Chicago desde Detroit y se llevó el cinturón de las 70 libras en el torneo realizado el fin de semana en La Villita.

“Hace 11 meses que practico boxeo, voy al gimnasio tres horas por día de lunes a viernes y quiero hacer historia”, dijo el jovencito que además dejó un mensaje para otros niños de su edad. “Que se metan en un deporte porque pueden terminar muertos”.