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Díaz es desde hace muchos años el mayor exponente de Chicago en el boxeo mundial.
No en vano finalizó su brillantísima carrera amateur representando a Estados Unidos en la Olimpiadas de Atlanta'96, conquistó el cetro mundial ligero del CMB en 2006 y tras perderlo en 2008 ante Manny Pacquiao, ahora vuelve a tener la oportunidad de recuperar ese deseado y preciado fajín oro y verde que en su día conquistaron grandes como Pernell Withaker o Julio César Chávez.
Sin embargo, detrás de esta exitosa historia deportiva, también hay otra muy humana y no menos sorprendente. La de un chico de barrio nacido en una familia muy humilde de emigrantes mexicanos que a base de esfuerzo, sacrificio, sudor y hasta sangre, se ha convertido en toda referencia y ejemplo de la comunidad latina de Chicago.
Díaz, de 33 años, es el hijo menor de una familia mexicana con siete hijos que emigró desde Iguala, Guerrero, a mediados de los años 70 a Chicago en busca de una vida mejor.
Él es el único de la familia nacido en Chicago y suelo estadounidense. Sin duda algo que lo marcó desde pequeño.
"Mis hermanos no me querían porque al haber nacido aquí me decían que era gabacho", afirma Díaz, a quien el mayor de sus hermanos le lleva 22 años. "Recuerdo que cuando eran las fiestas del Día de la Independencia de México y salía con mi bandera mexicana junto a mis hermanos, ellos me decía ¡Hey, esa no es tu bandera, agarra la tuya!".
Como la mayoría de los chicos latinos, Díaz empezó a boxear a temprana edad, a los 9 años, en el gimnasio de Hamlin Park, donde a los órdenes del entrenador Bill Heglin empezó a forjarse como boxeador.
"Lo entrené desde los 10 años y hasta que llegó al equipo olímpico", afirma Heglin. "Recuerdo que cuando llegó era un niño muy duro que tenía muchas virtudes y lo pulimos en el boxeo. Era muy bueno en el boxeo corto".
La figura de su padre, Anselmo, es clave en el éxito de Díaz, ya que fue él quien lo motivó, ayudó y empujó para que llegara a ser el gran campeón que es actualmente.
"Su padre le empujó mucho en el boxeo", recuerda Heglin. "Lo traía siempre a entrenar, incluso los días de mucho frío y nieve venían en autobús. Su padre era la gran inspiración de David y algo que me gustaba mucho de él era que nunca se metía en los entrenamientos". Anselmo, junto a su madre, Basilisa, viven actualmente en México, aunque su padre siempre viene cada vez que pelea.
"Me siento bien y contento por el triunfo de mi hijo después de tantos años luchando", dijo Anselmo después de ver a su hijo coronarse campeón mundial en 2006 tras noquear a José Santa Cruz en Las Vegas. "Por mucho tiempo hemos ido buscando esto y ahora, gracias a Dios, ya sí que me puedo morir tranquilo".
Y si cuando era niño su motor fue su padre, ahora de adulto Díaz toma todo esa motivación de su esposa Tanya y sus tres hijos, David Anselmo, de 4 años; Elías Armando, de 3 y Silas Francisco, de 10 meses. Aunque asegura que no le gustaría ver a ninguno de ellos siguiendo sus pasos en el ring.
Su nuevo estímulo
"El nacimiento de mis hijos me ha dado más fuerza y más fuego", dice Díaz. "También tengo una esposa que me comprende y entiende los sacrificios que tiene este deporte.
"Hay muchos días que no puedo ver a mis hijos debido a que estoy preparando una pelea y eso duele", añade. "Por eso yo le agradezco mucho a mi esposa, que es la que está cuidando a los niños, llevándolos a la escuela y todo sin mi ayuda".
Su esposa Tanya, nacida en Chicago de padres puertorriqueños, incluso fue la que rescató a Díaz de un momentáneo retiro a principios de su carrera.
"Ser la esposa de un boxeador es duro en diferentes aspectos", dice Tanya. "Es duro cuando entrena y necesita una dieta estricta. También tienes que manejar los grandes cambios de temperamento que tiene justo antes y después de sus peleas y, además, ver a alguien a quien realmente quieres que le están haciendo daño, es lo más duro".
Todo ese sacrificio y éxito ha convertido sin embargo también a Díaz en todo un referente en la comunidad latina de Chicago.
"Nosotros apoyamos a David porque es un gran campeón que representa a Chicago y sobre todo a la comunidad hispana", afirma el boricua George Hernández, entrenador de boxeo en Garfield Park. "El que en Chicago no apoye a David es que no sabe de cariño y amor"
"Somos latinos pero vivimos aquí y hay que respetar a Estados Unidos también porque es aquí donde nos estamos ganando las habichuelas para comer y criar a nuestros hijos. David nos da el orgullo a haber llegado tan lejos en el boxeo y se merece ese respeto y admiración de todos nosotros", añade.
La semilla plantada por Díaz quizás pronto dé sus frutos. De momento nos trae un buen racimo de boxeadores locales, que intentan seguir su estela de éxitos.
Uno de ellos es Iván Popoca, un peleador mexicano radicado en Chicago que va invicto y que además actualmente es uno de los sparring que Díaz utiliza en sus entrenamientos. "Empecé a boxear a los 8 años debido a Díaz", reconoce Popoca. "Su sobrino Saúl es mi mejor amigo y cuando un día lo acompañé a casa de David y vi todos sus trofeos me dije que yo también quería eso, así que me apunté al gimnasio y empecé a echarle ganas.
"Lo que más me impresiona de David es que todo quiere hacerlo perfecto y trabaja durísimo para conseguirlo, por eso ha llegado a otro nivel", añade.
Sin embargo, Díaz parece ajeno a todo su éxito y sigue siendo ese chico de barrio accesible y humilde que habla y bromea con todos mientras se entrena en el gimnasio Jabb como cualquier otro. Aunque los más jóvenes y novatos lo miran como todo un ídolo a seguir.
"No me veo como un ídolo, pero a lo mejor puede haber alguien que se fije en mi", dice Díaz. "Trato ser lo mejor que pueda para que los niños también sepan que se puede llegar lejos trabajando duro".
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