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Foto por Laura Rodríguez y Gabriel Neely-Streit

Granjeros preocupados ante el riesgo de perder sus trabajadores inmigrantes

04/7/17 4:36pm

CHICAGO — En una granja lechera en el noroeste de Illinois, Esteban trabaja la tierra como su padre le enseñó en su nativo Michoacán, México. Todos los días, antes de que salga el sol, Esteban, quien prefiere no dar su apellido para proteger su identidad dado su estatus migratorio, alimenta a aproximadamente 1,200 vacas, llueva, nieve o relampaguee. Lleva ya casi 17 años trabajando en esa misma granja, contó.

“Los siento como si fueran familia y amigos de verdad porque a todos los trabajadores nos ven como amigos”, dijo Esteban, refiriéndose a su jefe y a su familia. “Nos han tratado bien y cualquier cosa que necesitamos, tenemos la confianza de decírselo”, agregó.

Su trabajo le da a Esteban lo “suficiente” para alimentar a sus cinco hijos y apoyar a sus padres en México, dijo.

Pero desde la elección del presidente Donald Trump, Esteban ha estado preocupado. Él y sus otros 17 compañeros de trabajo, todos mexicanos, según Esteban, temen a las redadas del Buró de Vigilancia de Inmigración y Aduanas (ICE), que podrían llevarlos a la posible deportación de todos aquellos que se encuentran indocumentados en el país.

“Salimos de nuestra casa al trabajo y no sabemos si vamos a volver a ver a nuestros hijos si la policía nos arresta o nos deportan”, dijo Esteban.

Esteban lleva 17 años trabajando en la misma granja al noroeste de Illinois.
GABRIEL NEELY-STREIT / HOY

Aunque no ha habido informes de redadas en la zona, los propietarios de granjas comparten la misma preocupación que sus empleados.

El jefe de Esteban, David, quien también prefiere mantener su identidad confidencial, dijo que teme perder “un empleado extraordinariamente bueno” que ha ayudado a hacer crecer su granja lechera a casi el doble de lo que era hace 20 años.

Por esa razón, la gerente de la granja de David ayudó a reorganizar los turnos de la noche el 22 de febrero para que Esteban y sus compañeros de trabajo pudieran asistir al taller de inmigración “Conoce tus derechos”, el primero en su clase en un condado rural donde Trump superó a Hillary Clinton por más del 15%.

“Ellos sienten que no tendrían la vida que tienen sin nosotros y ciertamente nosotros no podemos sobrevivir sin ellos, así que eso es parte de lo que llamo una familia”, dijo David sobre sus trabajadores inmigrantes.

Las aproximadamente 25 familias latinas que se reunieron en el iglesia St. Mary Parish Center, en Freeport, aprendieron cómo diferenciar entre las autoridades locales, estatales y federales, y oficiales de inmigración. También sobre cómo deben responder ante un enfrentamiento con inmigración.

Los hijos de algunos presentes ayudaron a leer la información impresa en inglés y escucharon con seriedad a la representante de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), una organización de derechos civiles, que explicaba qué hacer si un agente de ICE toca su puerta.

Aspecto del taller ‘Conoce Tus Derechos’ presentado por una representante de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC), una organización de derechos civiles. LAURA RODRÍGUEZ/HOY

 

 

Muchos asistentes dijeron que fueron enviados por sus empleadores que, como David, dependen del trabajo de los inmigrantes, documentados o indocumentados, para producir leche, queso y el ganado en esa región.

“El trabajo de los inmigrantes en todas las operaciones lecheras más grandes es una necesidad absoluta. No hay manera de que podamos hacer sobrevivir los negocios sin el trabajo de los inmigrantes”, dijo David. “Espero que la administración (Trump) sea lo suficientemente inteligente como para saber que hay varias facetas de la economía de este país que no sobrevivirán (sin ellos)”, agregó.

En ese área, la comunidad hispana es pequeña pero está creciendo, dijo el padre Diego Ospina, el párroco de la iglesia local. La única que ofrece misa en español en esa área.

Según el padre Ospina, el temor y la incertidumbre de las familias se han vuelto evidentes en los últimos meses. Algunos han elegido permanecer dentro de sus casas en caso de que haya redadas a sus alrededores, dijo.

“La gente aquí realmente no tiene información sobre lo que sucede o sobre cómo protegerse a sí mismos”, agregó.

El sacerdote dijo que no hay organizaciones comunitarias latinas en el área y no pudo identificar espacios seguros que proporcionen asistencia a los indocumentados, además de su iglesia.

Julieta Galicia, una madre de tres hijos que vive en Freeport desde hace casi 19 años, organizó el taller y pidió a sus compañeros inmigrantes que asistieran.

“Tendemos a pensar que no nos va a pasar (enfrentar ICE) a nosotros. Ese fue mi caso hace ocho años”, explicada frente a los presentes.

Galicia, quien ahora es beneficiaria de la Acción Diferida (DACA) del presidente Barack Obama, fue detenida en 2008 después de desviarse para evitar atropellar a un animal en su camino. El oficial informó a Inmigración, contó Galicia, y fue puesta en proceso de deportación.

Galicia peleó la orden de deportación durante varios años hasta que recientemente logró cerrar su caso, explicó.

Julieta Galicia, una madre de tres hijos que vive en Freeport desde hace casi 19 años, organizó el taller y pidió a sus compañeros inmigrantes que asistieran. GABRIEL NEELY-STREIT / HOY

“En este área no hay transporte público, por lo que todo el mundo tiene que manejar al trabajo y llevar a nuestros hijos a la escuela, por lo que todos estamos en riesgo”, dijo Galicia. “Con este nuevo presidente todos somos delincuentes, como él ha dicho antes”.

Galicia dijo que nunca ha experimentado racismo en la zona. Al contrario, algunos de los propietarios de las granjas “están dispuestos a hacer un cambio” para el bienestar de sus empleados, dijo.

David ha considerado construir viviendas cercanas a su granja para que así sus empleados no tengan que conducir para llegar al trabajo. Dijo que también ha escrito cartas a personas en el poder para llamar la atención sobre el papel esencial del trabajo de los inmigrantes en la industria láctea y las dificultades que la actual política migratoria les causa.

“Los trabajadores inmigrantes necesitan escuchar que somos proactivos y que tienen nuestro apoyo”, dijo David.

Aunque votó por el presidente Trump, a quien consideró el candidato económicamente más responsable y la mejor opción para su negocio, dice que apoya “en lo absoluto” una reforma migratoria que haría más fácil para su industria contratar trabajadores debidamente autorizados.

David ha hecho esfuerzos frecuentes para atraer trabajadores ciudadanos estadounidenses a su granja, donde los salarios comienzan a 11 dólares la hora, pero se le ha dificultado encontrar “trabajadores confiables y calificados”, dijo.

“Creo que la mayor equivocación en el campo político es que los trabajadores inmigrantes les están quitando empleos de los ciudadanos estadounidenses”, dijo. “El hecho es que el ciudadano estadounidense no quiere hacer los trabajos que la mano de obra inmigrante hace”.

Las vacas son ordeñadas tres veces al día los 365 días del año. No hay días libres, el trabajo es duro y las horas son largas.

Una trabajadora inmigrante alista a las vacas para ordeñarlas en la granja de David.
LAURA RODRÍGUEZ / HOY

Incluso si los salarios se duplicaran, a $20-25 por hora, Alan, otro agricultor del área quien prefiere mantener su identidad confidencial, con una operación que ordeña unas 400 vacas al día, no cree que los trabajadores nacidos en Estados Unidos pueden mantener la industria.

“Creo que tendrían el mismo problema con el compromiso y no creo que trabajen tan duro”, dijo Alan. “Con frecuencia, cuando contratamos trabajadores locales, vienen un par de días y luego faltan un día y vuelven. Los inmigrantes nunca pierden un día “, dijo.

“En este momento, a quien le llaman un ‘bad hombre’ es en realidad un buen tipo”, dijo Alan.

Los trabajadores en las granjas lecheras no tienen derecho a horas extra o a vacaciones pagadas, debido a las exenciones de trabajadores agrícolas fijadas en la Fair Labor Standards Act, y ninguna de las granjas visitadas para esta historia ofrece seguro médico. Sin embargo, tanto Alan como David han tomado medidas para garantizar la seguridad y la estabilidad financiera de sus trabajadores.

En el caso de Alan, ofrece bonos y contribuye a un plan de pensiones para sus empleados inmigrantes. Estima que sus trabajadores más veteranos le cuestan $22-23 por hora después de pagar las contribuciones de impuestos al Seguridad Social.

“Los salarios tienen que subir”, dijo Alan de sus trabajadores, “pero con las ganancias tan variables en el negocio, siempre temes que de repente quiebre tu negocio”.

Alan, un granjero que mantiene alrededor de 400 vacas, en uno de sus establos. GABRIEL NEELY-STREIT / HOY

A nivel nacional, los indocumentados aportan miles de millones de dólares a programas de bienestar federal como el Seguro Social, con pocas esperanzas de obtener los beneficios, excepto si cambia su estatus migratorio.

Los datos de la Oficina del Actuario de la Administración del Seguro Social (SSA) muestran que los inmigrantes indocumentados contribuyen alrededor de $13,000 millones al Seguro Social en 2010 a través de los impuestos sobre la nómina.

“Es dinero sólo va al gobierno”, dijo Alan.

Según el Centro de Investigación Pew, el 26% de la mano de obra agrícola en todo el país la constituyen inmigrantes no autorizados. Los agricultores de Illinois y los economistas de los lácteos están de acuerdo en que cerca de dos terceras partes de la leche de Illinois es producida por mano de obra inmigrante.

Sin embargo, determinar cuál es la proporción de trabajadores indocumentados en las granjas lecheras Illinois es imposible porque los empleados deben presentar documentos que demuestren que están autorizados para trabajar en EEUU para ser contratados. En el caso de al menos 1.8 millones de inmigrantes indocumentados en el país, esos documentos son fraudulentos, informó la SSA en 2013.

El fraude relacionado con el empleo es otra consecuencia de un sistema laboral y migratorio obsoletos, dijo Chuck Roth, director de Litigios del Centro Nacional de Justicia para Inmigrantes, que ha representado a inmigrantes indocumentados en casos de fraude del Seguro Social.

“La ley no permite que el empleador encuentre gente de la manera correcta”, dijo Roth. Tampoco permite que la gente emigre a EEUU para un empleo de baja educación y bajos salarios.

Los programas de visas temporales, como H-2A, que contratan a obreros de México para trabajos agrícolas estacionales, no son adecuados para la industria láctea debido a que ese trabajo se realiza durante todo el año, dijo David.

Un trabajador limpia el área donde se ordeñan las vacas en una granja al noroeste de Illinois. GABRIEL NEELY-STREIT / HOY

“Operamos las 24 horas del día los siete días de la semana. Si la mano de obra necesita regresar a su país de origen para renovar los visados, está bien, pero debe haber un método con el cual podamos llenar rápidamente esa necesidad y no existe “, dijo David.

Aunque su negocio tiene ganancias de millones de dólares al año, dijo David, su estrecho margen de ganancias, de un producto en el mercado que definió como parte de una “política de alimentos baratos” de EEUU, no le permite pagar salarios más altos para atraer a más trabajadores estadounidenses.

El salario inicial que se paga en la granja de David es de $11 por hora. El mismo que se estima es el promedio que se paga en las granjas de Illinois, según Mike Hutjens, profesor de Ciencias Animales en la Universidad de Illinois, y quien ha estudiado la industria lechera local por más de tres décadas.

“Los lecheros no podemos influir en el precio” que reciben para su producto, explicó David. El precio se determina por un mercado que a cada momento se vuelve más globalizado, ya que el 15% de los productos lácteos de EEUU se venden afuera del país.

En 2015-16, el aumento de la producción láctea en EEUU y Europa, y la disminución de las exportaciones a China y Rusia, redujeron los precios de la leche. En Illinois, los agricultores perdieron un promedio de $410 dólares por vaca en 2015, según los informes producidos por los economistas agrícolas de la Universidad de Illinois y la Illinois Farm Business Farm Management Association. Fue el segundo año en la última década que los agricultores perdieron dinero en ventas de leche, dijo Hutjens.

Un trabajador indocumentado limpia el área donde se ordeñan las vacas en una granja al noroeste de Illinois. LAURA RODRÍGUEZ / HOY

Pero los trabajadores no deberían soportar el peso de la  demanda de leche barata, dijo Carly Fox, organizadora de derechos de los trabajadores agrícolas y abogada del Centro de Justicia para Trabajadores de Nueva York.

“Pagan el precio con sus cuerpos y con vivienda deficiente”, dijo Fox. “Hay tantas maneras de remediar esto, pero no a expensas de los trabajadores”.

Para Fox, eso significa transferir parte de las “enormes ganancias” hechas por las corporaciones multinacionales que compran, procesan y distribuyen la leche de los agricultores a los trabajadores.

También podría significar pedir al consumidor que pague un poco más por los productos lácteos en el supermercado.

Los estudios sugieren que el costo al consumidor por un mejor salario para los trabajadores agrícolas no impactaría el bolsillo de manera considerable.

Al mantener constante el suministro y la demanda, un aumento del 40% en los sueldos de los trabajadores agrícolas aumentaría el gasto de los hogares de EEUU alrededor de $ 16 al año como máximo, informó el Instituto de Política Económica.

Sin embargo, el aumento previsto al costo de los alimentos si se deportara a un porcentaje significativo de los trabajadores agrícolas indocumentados, sería mucho más caro.

La eliminación de la mitad de los 76,968 trabajadores lecheros inmigrantes en EEUU causaría una disminución de 24,200 millones de libras en la producción de leche, aumentando los precios en por lo menos un

También reduciría la producción económica estadounidense en 16,000 millones de dólares a nivel nacional y causaría pérdidas de hasta 65,620 empleos en sectores relacionados con los lácteos, según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Texas A&M y financiado por la Federación Nacional de Productores de Leche.

En la tienda, un galón de leche cuesta en promedio entre $1.58 y $2.50 dólares en el Medio Oeste, y alrededor de $2.68 dólares a nivel nacional, según el Departamento de Productos Lácteos del USDA.

Los agricultores que tal vez tengan políticas conservadoras sobre inmigración, igual dependen de los inmigrantes que están dispuestos a trabajar por los salarios que los agricultores pueden pagar para mantener bajos los precios, dijo James Wolfinger, profesor de historia de la Universidad DePaul, especializado en cuestiones de raza, política y trabajo.

“Ellos quieren que se construya el muro pero al mismo tiempo quieren que la gente pueda cruzar ese muro para que trabajen en sus ranchos”, dijo Wolfinger.

El temor de los inmigrantes al acudir a sus citas con ICE

Mientras tanto, el temor a ser deportados impide que los trabajadores indocumentados se organicen para obtener mejores salarios y una amplia gama de beneficios, dijo Fox, y las falsas percepciones de que los trabajadores no autorizados no tienen derecho a denunciar condiciones de trabajo injustos o inseguridad, abundan.

“Hay trabajadores que sienten que, debido a su estatus, podrían ser atacados… si arman algún alboroto”, dijo Fox.

“Se necesita una cantidad increíble de educación en derechos y de confianza”, añadió.

Fox mencionó que en el área donde ella vive, el temor ha sido exacerbado por los recientes arrestos de ICE a varios activistas de derechos de los campesinos indocumentados, entre ellos Enrique “Kike” Balcázar, de 24 años; Zully Palacios, de 23, y José Coyote Pérez, según informes de medios de comunicación locales.

Fox dijo que piensa que los tres arrestos fueron dirigidos a los activistas, aunque ICE lo ha negado en otros reportes.

Salvador, nacido en México y ahora padre de tres hijos ciudadanos estadounidenses, que prefiere no dar su apellido debido a su estatus migratorio, desafía su temor diariamente al conducir 35 minutos de su casa al trabajo en la granja de Alan, cinco días a la semana.

“Necesitamos trabajar para alimentar a nuestras familias. No tengo otra opción “, dijo.

Aunque Salvador es dueño de una pequeña casa en Freeport y puede mantener a su familia con su salario, dijo que aún no ha logrado su “sueño americano”.

“Seguiré trabajando hasta que Dios lo permita, y mientras mi jefe me siga dando trabajo”, dijo.