El ‘bullying’ se origina en casa

Por en Vida 01/24/11 2:42pm

Por Georgina Montalvo

Las actitudes violentas, antisociales e incluso el conocido bullying (acoso escolar), son problemas de conducta que podrían estar relacionados con la falta de afecto y contacto entre una madre y su hijo o familiares, revelaron científicos del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del IPN.

Tras el estudio de este fenómeno en ratas, los investigadores detectaron que el contacto madre-hijo desde el primer momento de vida es de suma importancia para el desarrollo de las personas, según un comunicado del centro.

Los resultados de estos análisis podrían sentar las bases para el desarrollo de fármacos capaces de ayudar a corregir problemas de conducta, aseguró Ángel Ismael Melo Salazar, del Laboratorio en Reproducción Animal del Cinvestav Tlaxcala.

“Para el adecuado desarrollo del cerebro, es necesario que el sujeto reciba estímulos, sobre todo en etapas tempranas, los cuales permiten generar densidad dendrítica en las neuronas, lo cual ayuda a regular y modular la expresión de ciertas conductas sociales, sexuales, cognitivas, de aprendizaje y memoria”, señaló.

La interacción entre hermanos en etapas tempranas también es parte fundamental en este fenómeno, pues funcionan de similar manera (como estimulantes sociales) que la madre; es decir, influyen en la conducta futura del individuo.

“Comprobamos que crías que fueron separadas de su madre poco después del nacimiento y se mantuvieron dentro del sistema de crianza artificial hasta el destete, al llegar a etapas adultas muestran modificaciones conductuales negativas, como déficit de conducta materna, mayor agresión maternal, déficit de aprendizaje social, hiperactividad, alteraciones en la conducta sexual masculina, etcétera”, agregó Melo Salazar.

En el caso de las personas, es común ver que los hijos que recibieron una mala atención, por abandono o por descuido, mantienen las actitudes antisociales en su etapa adulta, que pueden reproducir incluso hasta una tercera o quinta generación.

También se constató que el contacto físico es básico, pues a un cierto número de ratas se les dio estimulación artificial mediante un cepillo de cerdas de camello, simulando el contacto que una madre proporciona a su cría, y el resultado es que presentaron un mejor desarrollo en el cerebro.