Bolivia reduce plantaciones de coca otorgando licencias sobre parcelas

Por en Fotogalerías 01/6/13 4:12 PM

Por William Neuman

TODOS SANTOS, BOLIVIA — No hay nada clandestino en torno a la parcela de coca de Julián Rojas, la cual está ubicada en medio de plantaciones de plátano. Ha sido registrada en imágenes de satélite, catalogada en una base de datos gubernamental, referenciada con su información personal y verificada y vuelta a verificar por la unión de cultivadores locales de coca. Lo mismo ocurre con las parcelas trabajadas por los vecinos de Rojas y miles de otros agricultores en esta tórrida región al este de los Andes a quienes el gobierno boliviano otorgó licencias para cultivar coca, la planta usada para producir cocaína.

El presidente Evo Morales, que primero cobró prominencia como líder de los cocaleros, expulsó a la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) en 2009. Esa acción, junto con acontecimientos como el arresto el año pasado del ex jefe de la policía antinarcóticos boliviano bajo cargos de narcotráfico, condujo a Washington a concluir que Bolivia no cumplía sus obligaciones internacionales de combate a las drogas.

Pero pese a la disputa con Estados Unidos, Bolivia, el tercer productor de cocaína más grande del mundo, hizo avances con su propio enfoque poco ortodoxo hacia el control del cultivo de coca, que se aparta marcadamente de la más amplia guerra contra las drogas e incluye un monitoreo de alta tecnología de miles de parcelas de coca legales destinadas a producir hoja de coca para usos tradicionales.

Para sorpresa de muchos, este experimento condujo a un importante descenso en las plantaciones de coca en la Bolivia de Morales, un logro que en gran medida ha ocurrido sin los asesinatos y otras formas de violencia que se han convertido en un subproducto sangriento de las medidas encabezadas por Estados Unidos para controlar el tráfico de drogas en Colombia, México y otras partes de la región.

Sin embargo, hay también signos preocupantes de que esos logros son socavados ya que los traficantes usan métodos más eficientes para producir cocaína y eludir a las autoridades bolivianas para seguir exportando drogas desde el país.

En un signo clave del progreso en el enfoque de Bolivia hacia la coca, la extensión total plantada con coca descendió entre 12 y 13% el año pasado, según informes separados de la Oficina sobre Drogas y Delincuencia de Naciones Unidas y la Oficina para la Política Nacional de Control de Drogas de la Casa Blanca. Al mismo tiempo, el gobierno boliviano intensificó los esfuerzos para erradicar las plantaciones de coca no autorizadas y reportó un aumento en las confiscaciones de cocaína y base de cocaína.

“Es fascinante mirar a un país que expulsó al embajador de Estados Unidos y a la DEA, y la expectativa de parte de Estados Unidos es que los esfuerzos de la guerra contra las drogas se derrumbarían”, dijo Katrhyn Ledebur, directora de la Red de Informacion Andina, un grupo de investigación boliviano. Más bien, dijo, el enfoque de Bolivia está “mostrando resultados”.

Sin embargo, hay escepticismo. “Nuestra perspectiva es que hay de hecho verdaderos avances, y están lejos de donde nos gustaría verlos”, dijo Larry Memmott, encargado de asuntos de la embajada de Estados Unidos en La Paz. “En términos de aplicación de la ley, falta mucho por hacer”.

Aunque Bolivia prohíbe la cocaína, permite el cultivo de coca para usos tradicionales. Los bolivianos mastican hoja de coca como un estimulante moderado y lo usan como medicina, en té y, particularmente entre la población indígena mayoritaria, en rituales religiosos.

En una tarde reciente, Rojas puso algunas hojas secas en su boca y observó la puesta del sol sobre su campo de coca, ligeramente más de 1,600 metros cuadrados, el máximo permitido por agricultor aquí en esta región, conocida como el Chapare.

“Esta es una forma de controlarlo”, dijo, escupiendo un chorro de jugo verde. “Todos deberían tener la misma cantidad”.

Rojas es el rostro de una región cambiante. Gana mucho más dinero cultivando plátanos para exportación en casi 30 hectáreas que cultivando coca. Pero no tiene intención de renunciar a su diminuta parcela de coca.

“¿Qué pasa si una enfermedad ataca a los plátanos?”, preguntó. “Entonces seguimos teniendo a la coca para salvarnos”.

El gobierno boliviano ha convencido a los agricultores de que, al limitar la cantidad de las plantaciones, los precios de la coca seguirán siendo altos. Y ha enfocado la mayor parte de los esfuerzos de erradicación, del tipo que alguna vez provocaron una fuerte resistencia popular, fuera de las áreas controladas por las uniones de agricultores, como en parques nacionales.

El registro de miles de cultivadores del Chapare, concluido este año, es parte de un sistema de ejecución que depende de que los agricultores se vigilen unos a otros. Si se descubre que los cultivadores registrados tienen plantaciones superiores al máximo permitido, se llama a soldados para que erradiquen el exceso. Si los cultivadores violan el límite una segunda vez, todo su cultivo es destruido y pierden el derecho a cultivar coca.

Las uniones de cultivadores también pueden ser castigadas si hay múltiples violaciones entre sus agremiados.

“Tenemos que estar constantemente vigilantes”, dijo Nelson Sejas, un cultivador del Chapare que fue parte de un equipo que verificó parcelas de coca para asegurarse de que no excedieran el límite.

Pero sigue habiendo muchas infracciones. Funcionarios dicen que revisan el registro de unos 43,000 cultivadores del Chapare para encontrar a quienes pudieran tener parcelas múltiples o que pudieran violar otras reglas.

“Los resultados hablan por sí mismos”, dijo Carlos Romero, el ministro de gobierno. “Hemos demostrado que se pueden realizar efectivamente labores de erradicación sin violar los derechos humanos, sin polemizar sobre el tema y con resultados claros”.

Dijo que el gobierno estaba en camino de erradicar más hectáreas de coca este año que el año pasado, sin la violencia de años anteriores. Un informe del gobierno indicó que 60 personas murieron y más de 700 resultaron heridas en el Chapare de 1998 a 2002 en violencia relacionada con la erradicación.

Pero aun cuando Bolivia muestra progreso, persisten graves preocupaciones.

La oficina antidrogas de la Casa Blanca estimó que pese a la declinación en la extensión total de cultivos de coca el año pasado, la cantidad de cocaína que pudiera ser potencialmente producida en base a la coca cultivada en Bolivia aumentó en más de una cuarta parte. Ese es porque una gran cantidad de las plantaciones recientes empezaron a madurar y a alcanzar producciones más altas; las nuevas plantaciones con producciones más altas reemplazaron a campos más antiguos y menos productivos; y los traficantes cambiaron a métodos de procesamiento más eficientes.

Sin embargo, la paradoja del programa de monitoreo de Bolivia es que enormes cantidades de la coca cultivada legalmente terminan en manos de los narcotraficantes y son convertidas en cocaína y otras drogas. La mayoría de esas drogas van a parar a Brasil, considerado el segundo mercado de cocaína más grande del mundo. Virtualmente nada de la cocaína boliviana termina en Estados Unidos.

César Guedes, el representante en Bolivia de la oficina antidrogas de la ONU, dijo que aproximadamente la mitad de las plantaciones de coca que el país produce van al comercio de drogas. Según algunas estimaciones, más del 90% de la coca en el Chapare, una de las dos principales regiones productoras, se destina a las drogas.

Dos agricultores del Chapare dijeron que generalmente venden un saco de 25 kilos de hoja de coca de cada cosecha al mercado regulado por el gobierno. El resto, a menudo 100 kilos o más, es vendido a compradores que trabajan con los traficantes y pagan una bonificación sobre el precio autorizado por el gobierno. Uno de los cultivadores dijo que recientemente entregó hoja de coca directamente a un laboratorio donde sería convertido en drogas.

El interrogante central es cuánta coca se requiere para satisfacer las necesidades tradicionales. La política del gobierno permite unas 20,234 hectáreas de plantaciones de coca legales, aunque el área real en cultivo es mucho más elevada. Naciones Unidas estimó que hubo unas 27,114 hectáreas de coca el año pasado.

Cualquiera que sea la cifra exacta, la mayoría de los analistas coincide en que se produce mucho más de lo que se necesita para proveer al mercado tradicional.

La Unión Europea financió un estudio hace varios años para estimar cuánta coca se necesitaba para usos tradicionales, pero el gobierno boliviano se ha negado a darlo a conocer, diciendo que se requiere más investigación.

La campaña para reducir la extensión de las plantaciones de coca tiene lugar mientras el gobierno de Morales está cabildeando ante otros países para enmendar una convención de la ONU sobre narcóticos para que reconozca la legalidad de los usos tradicionales de la hoja de coca en Bolivia. Se espera una decisión en enero.

En una reciente mañana justo después del amanecer, un escuadrón de soldados uniformados usó machetes para reducir una parcela de plantas de coca cerca de la localidad de Ivirgarzama.

Habían acudido para destruir una vieja parcela de coca que había superado su plenitud y medir un lote de reemplazo plantado por el agricultor. Los soldados determinaron que la nueva parcela estaba ligeramente por encima del límite y destruyeron unas dos hileras de plantas antes de continuar su camino.

“Antes había más tensión, más conflicto, más personas heridas”, dijo el teniente coronel Willy Pozo. “Ésta ya no es una guerra”.