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El discurso completo del presidente Obama en la Cumbre de las Américas

Obama: le doy las gracias a todos los que viajaron hasta aquí, por el valiente trabajo que hacen por defender la libertad y los derechos humanos, y por promover la igualdad, oportunidades y justicia en todo el hemisferio y el mundo.

Por ,  04/11/15 - 4:56pm
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El presidente Barack Obama habla durante la VII Cumbre de las Américas que se celebra en Panamá. AP
El presidente Barack Obama habla durante la VII Cumbre de las Américas que se celebra en Panamá. AP
El presidente Barack Obama habla durante la VII Cumbre de las Américas que se celebra en Panamá. AP

PANAMÁ— La Casa Blanca compartió el discurso que el presidente Barack Obama ofreció en la Cumbre de las Américas el día de hoy:

PRESIDENTE OBAMA: Buenas tardes. Gracias, Presidente Varela. Muchas gracias Panamá, por organizar la Cumbre de las Américas. Y le doy las gracias a todos los que viajaron hasta aquí desde toda la región por el valiente trabajo que hacen por defender la libertad y los derechos humanos, y por promover la igualdad, oportunidades y justicia en todo el hemisferio y el mundo.

Me enorgullece estar aquí con ustedes en esta reunión oficial con los líderes de las sociedades civiles en la Cumbre de las Américas. Y me complace que Cuba esté representado en esta cumbre por primera vez.

Estamos aquí por una razón muy simple.  Creemos que los países fuertes y exitosos requieren sociedades civiles fuertes y dinámicas.  Sabemos que a través de la historia, el progreso humano se ha visto impulsado no solo por líderes famosos, no solo por estados, sino por hombres y mujeres comunes que creen que el cambio es posible; por ciudadanos que están dispuestos a enfrentarse a probabilidades increíbles y grandes peligros no solo para proteger sus propios derechos, sino para extender los derechos a los demás.

Tuve la oportunidad de reflexionar sobre esto el mes pasado cuando estaba en la pequeña ciudad de Selma, Alabama.  Es posible que algunos de ustedes hayan oído hablar de ella.  Es un lugar en donde, hace 50 años, afroamericanos marcharon en protestas pacíficos y no violentas, que no era para solicitar un tratamiento especial, sino para que se les trata con igualdad, de acuerdo con los documentos de fundación de nuestra Declaración de Independencia, nuestra Declaración de Derechos.  Ellos eran parte de un movimiento de derechos civiles que había soportado la violencia y represión durante décadas, y las soportaron de nuevo ese día, ya que muchos de los manifestantes fueron golpeados.

Pero siguieron marchando.  Y a pesar de las golpizas de ese día, regresaron junto con más personas.  Y la consciencia de una nación se agitó.  Sus esfuerzos doblaron, de acuerdo con las palabras del Dr. Martin Luther King, el arco del universo moral hacia la justicia.  Y fue su visión de una sociedad más justa, inclusiva y generosa que triunfó al último.  Y la única razón por la que estoy aquí como el Presidente de Estados Unidos es porque esas personas comunes, sirvientas, empleados de limpieza y maestros de escuelas, estuvieron dispuestos a soportar sufrimientos por mí.  (Aplausos.)

Esa es la razón por la que creo tan fuertemente en el trabajo que ustedes hacen.  Son los soñadores, —sin importar que tan humildes o pobres o aparentemente impotentes— quienes son capaces de cambiar el curso de los eventos humanos.  Lo vimos en Sudáfrica, en donde los ciudadanos se levantaron en contra del azote del apartheid.  Lo vimos en Europa, en donde los polacos marcharon en solidaridad para ayudar a derribar la Cortina de Hierro.  En Argentina, en donde las madres de los desaparecidos hablaron en contra de la Guerra Sucia.  Es la historia de mi país, en donde los ciudadanos trabajaron para abolir la esclavitud y establecer los derechos de las mujeres, trabajadores, gays y lesbianas.

No digo que mi país es perfecto, ya que no lo somos.  Y ese es el punto.  Siempre debemos tener ciudadanos que estén dispuestos a cuestionar y afrontar a nuestro gobierno, y a identificar las injusticias.  Tenemos que batallar con nuestros propios desafíos; desde problemas de raza, hasta la policía y la desigualdad.  Pero lo que me hace más orgulloso sobre el ejemplo extraordinario de Estados Unidos no es que somos perfectos, sino que batallamos con eso, y tenemos un espacio abierto en el cual la sociedad continuamente puede intentar de hacernos una unión más perfecta.

Nos hemos enfrentado, a un gran precio, por la libertad y la dignidad humana, no solo en nuestro propio país, sino en otros lados.  Estoy orgulloso de eso.  Y aceptamos nuestra capacidad de convertirnos mejores por medio de nuestra democracia.  Y eso requiere más que solo el trabajo del gobierno.  Demanda el trabajo duro y frustrante a veces, pero que es absolutamente vital, de los ciudadanos comunes que se unen para formar una causa común.

Por lo que la sociedad civil es la consciencia de nuestros países.  Es el catalizador del cambio.  Es la razón por la que las naciones fuertes no le temen a los ciudadanos activos.  Las naciones fuertes aceptan, apoyan y empoderan a los ciudadanos activos.  Y por cierto, no es como si los ciudadanos activos siempre tienen la razón.  A veces la gente me grita o discute conmigo, y yo pienso: usted no tiene idea de lo que está hablando.  Pero a veces sí.  Y la cuestión no se trata de saber si siempre tienen la razón; la cuestión es saber si hay una sociedad en la que esa conversación, ese debate, se puede probar y las ideas se prueben en el mercado.

Y debido a los esfuerzos de la sociedad civil, ahora, en general, hay un consenso en el continente americano sobre la democracia y los derechos humanos, y el desarrollo social e inclusión social.  Reconozco que hay grandes diferencias sobre el papel de la sociedad civil, pero creo que todos nos podemos beneficiar al tener un diálogo abierto, tolerante e inclusivo.  Y debemos rechazar la violencia o intimidación que esté enfocada en silenciar las voces de las personas.

La libertad de ser escuchado es un principio con el que el continente americano está comprometido en general.  Y eso no significa, como dije, que vamos a estar de acuerdo en cada problema.  Pero debemos resolver aquellos con franqueza, honestidad y civilmente, y darle la bienvenida a las voces de todas las personas en los debates que formarán el futuro del hemisferio.  (Aplausos.)

Solo para brindar un ejemplo:  A medida que Estados Unidos comienza un nuevo capítulo de relaciones con Cuba, esperamos que eso cree un ambiente que mejore las vidas de los cubanos; no porque está impuesto por nosotros, los Estados Unidos, sino a través del talento, ingenio y aspiraciones, y las conversaciones entre cubanos de todas las clases sociales, para que ellos puedan decidir el mejor curso de su prosperidad.

Mientras avanzamos en el proceso de normalización, tendremos diferencias, entre gobierno y gobierno, con Cuba en muchos problemas, al igual que tenemos diferencias con otras naciones en el continente americano, y al igual que tenemos diferencias con nuestros aliados más cercanos.  No hay nada de malo con eso.  Pero estoy aquí para decir que cuando manifestemos nuestra opinión, lo haremos porque los Estados Unidos de América cree, y siempre representará, un cierto conjunto de valores universales.  Y cuando nos asociamos con una sociedad civil, es porque creemos que nuestra relación debe ser con gobiernos y con las personas a las que representan.

Es también porque creemos que su trabajo es más importante que nunca.  Aquí en el continente americano, la desigualdad aún encierra a muchas personas de nuestras economías.  La discriminación aún encierra a demasiadas personas en nuestras sociedades.  Alrededor del mundo, aún hay demasiados lugares en donde se pasan leyes para reprimir a la sociedad, en donde los gobiernos cortaron fondos para grupos con los que no están de acuerdo.  En donde la corrupción acaba con los empresarios.  En donde se encierran a activistas y periodistas bajo cargos falsos porque se atreven a criticar al gobierno.  En donde, la manera en que uno se vea, la manera en que uno rece o la persona a quien ama, puede conducir a la cárcel o a la muerte.

Y ya sea que se traten de represiones en contra de la libertad de expresión en Rusia o China, o restricciones de libertad de asociación y reunión en Egipto, o campos de prisión a cargo del régimen de Corea del Norte, los derechos humanos y libertades fundamentales aún están en riesgo alrededor del mundo.  Y cuando eso sucede, creemos que tenemos una obligación moral de manifestarnos.

También sabemos que nuestro apoyo a la sociedad civil no solo se trata de lo que estamos en contra, sino también lo que apoyamos.  Debido a que nos hemos dado cuenta que los gobiernos más eficaces y receptivos, por lo general son gobiernos en donde la gente se puede reunir de forma libre, expresarse y realizar solicitudes a sus líderes, y pedir que rindan cuentas.

Sabemos que nuestras economías atraen más comercio e inversiones cuando los ciudadanos tienen la libertad de comenzar un nuevo negocio sin tener que pagar un soborno.   Sabemos que nuestras sociedades tienen más probabilidad de tener éxito cuando todas las personas, sin importar el color, clase, credo, orientación sexual o género, tienen la libertad de vivir, rezar y amar como quieran.  Eso es lo que creemos.

Y cada vez más, la sociedad civil es una fuente de ideas de todo tipo de cosas; desde promover la transparencia y expresión libre, hasta revertir desigualdades y rescatar a nuestro medio ambiente.  Es por eso que, como parte de nuestra Iniciativa de Apoyo a la Sociedad Civil, nos hemos unido a personas de todo el mundo para luchar en contra de aquellos que niegan su derecho a que lo escuchen.  La misión de nuestro gobierno no solo es proteger a los grupos de la sociedad civil, sino asociarnos con ustedes y empoderarlos con el conocimiento, tecnología y recursos para transformar las ideas en acciones.  Y EE. UU. apoya los esfuerzos por establecer un papel permanente y significativo para las sociedades civiles en las Cumbres de las Américas futuras.  (Aplausos.)

Permítanme solo decir que, cuando los Estados Unidos vea que se cierren espacios de la sociedad civil, trabajaremos para abrirlos.  Cuando se realicen esfuerzos por colocarles obstáculos, trataremos de conectarlos entre sí.  Cuando estén en silencio, trataremos de hablar a su lado.  Y cuando estén reprimidos, queremos ayudar a fortalecerlos.  A medida que trabajan para obtener cambios, los Estados Unidos estarán con ustedes en cada paso del camino.  Tenemos respeto por las diferencias entre nuestros países.  Ya pasaron los días en que nuestra agenda en este hemisferio a menudo presumía que Estados Unidos podía entrometerse con la impunidad.  (Aplausos.)

Pero lo que significa es, y tenemos que ser muy claros que cuando hablamos a nombre de alguien que ha estado encarcelado por la única razón de que habló verdades ante el poder, cuando ayudamos a una organización que intenta empoderar a un grupo minoritario dentro de un país para obtener más acceso a recursos, no lo hacemos porque satisface nuestros propios intereses; lo hacemos porque creemos que lo que se debe hacer.  (Aplausos.)  Y eso es importante.

Y espero que todos los demás países en la Cumbre de las Américas se unan a nosotros para ver que eso es importante.  Porque a veces, sin importar lo difícil que sea, es importante que nosotros podamos hablar de forma honesta y franca a nombre de personas que son vulnerables, impotente y que no tienen voz.  Yo sé, porque hubo un momento en nuestro propio país en donde habían grupos que no tenían voz y poder.  Y debido a la opinión mundial, se ayudó a cambiar esas circunstancias.   Tenemos una deuda por pagar, porque las voces de las personas comunes nos han hecho mejor.  Esa es una deuda que quiero estar seguro que reintegremos en este hemisferio y en todo el mundo.

Muchas gracias a todos. Dios los bendiga.

PRESIDENT OBAMA: Buenas tardes.  Thank you, President Varela.  Thank you very much, Panama, for hosting this Summit of the Americas.  And I thank everybody who’s traveled here from across the region for the courageous work that you do to defend freedom and human rights, and to promote equality and opportunity and justice across our hemisphere and around the world.

I am proud to be with you at this first-ever official gathering of civil society leaders at the Summit of the Americas. And I’m pleased to have Cuba represented with us at this summit for the very first time.  (Applause.)

We’re here for a very simple reason.  We believe that strong, successful countries require strong and vibrant civil societies.  We know that throughout our history, human progress has been propelled not just by famous leaders, not just by states, but by ordinary men and women who believe that change is possible; by citizens who are willing to stand up against incredible odds and great danger not only to protect their own rights, but to extend rights to others.

I had a chance to reflect on this last month when I was in the small town of Selma, Alabama.  Some of you may have heard of it.  It’s a place where, 50 years ago, African-Americans marched in peaceful, nonviolent protest — not to ask for special treatment but to be treated equally, in accordance with the founding documents of our Declaration of Independence, our Bill of Rights.  They were part of a civil rights movement that had endured violence and repression for decades, and would endure it again that day, as many of the marchers were beaten.

But they kept marching.  And despite the beatings of that day, they came back, and more returned.  And the conscience of a nation was stirred.  Their efforts bent, in the words of Dr. Martin Luther King, the arc of the moral universe towards justice.  And it was their vision for a more fair and just and inclusive and generous society that ultimately triumphed.  And the only reason I stand here today as the President of the United States is because those ordinary people — maids, and janitors, and schoolteachers — were willing to endure hardship on my behalf.  (Applause.)

And that’s why I believe so strongly in the work that you do.  It’s the dreamers — no matter how humble or poor or seemingly powerless — that are able to change the course of human events.  We saw it in South Africa, where citizens stood up to the scourge of apartheid.  We saw it in Europe, where Poles marched in Solidarity to help bring down the Iron Curtain.  In Argentina, where mothers of the disappeared spoke out against the Dirty War.  It’s the story of my country, where citizens worked to abolish slavery, and establish women’s rights and workers’ rights, and rights for gays and lesbians.

It’s not to say that my country is perfect — we are not.  And that’s the point.  We always have to have citizens who are willing to question and push our government, and identify injustice.  We have to wrestle with our own challenges — from issues of race to policing to inequality.  But what makes me most proud about the extraordinary example of the United States is not that we’re perfect, but that we struggle with it, and we have this open space in which society can continually try to make us a more perfect union.

We’ve stood up, at great cost, for freedom and human dignity, not just in our own country, but elsewhere.  I’m proud of that.  And we embrace our ability to become better through our democracy.  And that requires more than just the work of government.  It demands the hard and frustrating, sometimes, but absolutely vital work of ordinary citizens coming together to make common cause.

So civil society is the conscience of our countries.  It’s the catalyst of change.  It’s why strong nations don’t fear active citizens.  Strong nations embrace and support and empower active citizens.  And by the way, it’s not as if active citizens are always right — they’re not.  Sometimes people start yelling at me or arguing at me, and I think, you don’t know what you’re talking about.  But sometimes they do.  And the question is not whether they’re always right; the question is, do you have a society in which that conversation, that debate can be tested and ideas are tested in the marketplace.

And because of the efforts of civil society, now, by and large, there’s a consensus in the Americas on democracy and human rights, and social development and social inclusiveness.  I recognize there’s strong differences about the role of civil society, but I believe we can all benefit from open and tolerant and inclusive dialogue.  And we should reject violence or intimidation that’s aimed at silencing people’s voices.

The freedom to be heard is a principle that the Americas at large is committed to.  And that doesn’t mean, as I said, that we’re going to agree on every issue.  But we should address those issue candidly and honestly and civilly, and welcome the voices of all of our people into the debates that shape the future of the hemisphere.  (Applause.)

Just to take one example:  As the United States begins a new chapter in our relationship with Cuba, we hope it will create an environment that improves the lives of the Cuban people -– not because it’s imposed by us, the United States, but through the talent and ingenuity and aspirations, and the conversation among Cubans from all walks of life so they can decide what the best course is for their prosperity.

As we move toward the process of normalization, we’ll have our differences, government to government, with Cuba on many issues — just as we differ at times with other nations within the Americas; just as we differ with our closest allies.  There’s nothing wrong with that.  But I’m here to say that when we do speak out, we’re going to do so because the United States of America does believe, and will always stand for, a certain set of universal values.  And when we do partner with civil society, it’s because we believe our relationship should be with governments and with the peoples that they represent.

It’s also because we believe that your work is more important than ever.  Here in the Americas, inequality still locks too many people out of our economies.  Discrimination still locks too many out of our societies.  Around the world, there are still too many places where laws are passed to stifle civil society, where governments cut off funding for groups that they don’t agree with.  Where entrepreneurs are crushed under corruption.  Where activists and journalists are locked up on trumped-up charges because they dare to be critical of their governments.  Where the way you look, or how you pray, or who you love can get you imprisoned or killed.

And whether it’s crackdowns on free expression in Russia or China, or restrictions on freedom of association and assembly in Egypt, or prison camps run by the North Korean regime — human rights and fundamental freedoms are still at risk around the world.  And when that happens, we believe we have a moral obligation to speak out.

We also know that our support for civil society is not just about what we’re against, but also what we’re for.  Because we’ve noticed that governments that are more responsive and effective are typically governments where the people are free to assemble, and speak their minds, and petition their leaders, and hold us accountable.

We know that our economies attract more trade and investment when citizens are free to start a new business without paying a bribe.   We know that our societies are more likely to succeed when all our people — regardless of color, or class, or creed, or sexual orientation, or gender — are free to live and pray and love as they choose.  That’s what we believe.

And, increasingly, civil society is a source of ideas — about everything from promoting transparency and free expression, to reversing inequality and rescuing our environment.  And that’s why, as part of our Stand with Civil Society Initiative, we’ve joined with people around the world to push back on those who deny your right to be heard.  I’ve made it a mission of our government not only to protect civil society groups, but to partner with you and empower you with the knowledge and the technology and the resources to put your ideas into action.  And the U.S. supports the efforts to establish a permanent, meaningful role for civil societies in future Summits of the Americas.

So let me just say, when the United States sees space closing for civil society, we will work to open it.  When efforts are made to wall you off from the world, we’ll try to connect you with each other.  When you are silenced, we’ll try to speak out alongside you.  And when you’re suppressed, we want to help strengthen you.  As you work for change, the United States will stand up alongside you every step of the way.  We are respectful of the difference among our countries.  The days in which our agenda in this hemisphere so often presumed that the United States could meddle with impunity, those days are past.

But what it does mean — but we do have to be very clear that when we speak out on behalf of somebody who’s been imprisoned for no other reason than because they spoke truth to power, when we are helping an organization that is trying to empower a minority group inside a country to get more access to resources, we’re not doing that because it serves our own interests; we’re doing it because we think it’s the right thing to do. And that’s important.

And I hope that all the other countries at the Summit of the Americas will join us in seeing that it’s important.  Because sometimes, as difficult as it is, it’s important for us to be able to speak honestly and candidly on behalf of people who are vulnerable and people who are powerless, people who are voiceless.  I know, because there was a time in our own country where there were groups that were voiceless and powerless.  And because of world opinion, that helped to change those circumstance.  We have a debt to pay, because the voices of ordinary people have made us better.  That’s a debt that I want to make sure we repay in this hemisphere and around the world.
Thank you very much, everybody. God bless you.

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