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La cocaína, nervio de la guerra en Colombia

En Colombia los cultivadores de coca, base de la cocaína, de la que este país es el primer productor mundial, son escépticos respecto del plan del gobierno de sustituirla por el café o el banano, legales por cierto, pero mucho más complicados de vender.

Por ,  05/17/17 - 10:38am
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Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, planta un árbol de plátano en un campo dedicado al cultivo de coca, en Pueblo Nuevo, municipalidad de Briceño, en el departamento de Antioquia. RAÚL ARBOLEDA/AFP

PUEBLO NUEVO, COLOMBIA — En Colombia los cultivadores de coca, base de la cocaína, de la que este país es el primer productor mundial, son escépticos respecto del plan del gobierno de sustituirla por el café o el banano, legales por cierto, pero mucho más complicados de vender.

“Es un lindo proyecto, pero para vivir de esto…”, sostiene un campesino de Pueblo Nuevo, a cuyo alrededor el verde de las plantaciones de coca contrasta con el esmeralda de la jungla que cubre los flancos de la cordillera de los Andes.

“Cuesta demasiado llevar el banano hasta la ciudad”, explica este hombre desgarbado de 34 años, que teme decir su nombre en este antiguo feudo de la guerrilla de las FARC.

Apenas un camino marcado por surcos serpentea desde una cima a la otra para vincular esta aldea con el resto del mundo. Se necesitan al menos tres horas para llegar a Briceño, principal localidad de la comuna del mismo nombre, a 32 km. Llegar a Medellín, capital de Antioquia (noroeste), lleva siete horas para recorrer unos 200 km, si no llueve y se va en un vehículo 4×4, inaccesible para la mayoría.

Arrendador de su parcela de una hectárea, este cultivador está preocupado. Su vecino Ocaris Ayeysa, de 61 años, también: “Estamos a la expectativa de que el gobierno cumpla lo que está pactado en los acuerdos con las FARC, pero hasta el momento es muy poco lo que hemos visto del gobierno”.

En noviembre, el presidente Juan Manuel Santos firmó la paz con la guerrilla marxista de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), creadas en 1964 tras una insurrección campesina. Unos 7,000 rebeldes iniciaron el desarme y el gobierno pretende ahora aplicar el punto 4 del acuerdo, contra el tráfico de drogas.

‘No hay oferta sin demanda’

El premio Nobel de la Paz 2016 y su equipo lanzaron estos días un Programa Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito, recorriendo las regiones más afectadas por la guerra, que también son las más sembradas de coca.

“Por primera vez Colombia, que ha sido el mayor productor y exportador de cocaína durante 30 ó 40 años, inicia un plan que les da una solución definitiva a los campesinos cocaleros para que reemplacen la coca por productos legales”, declaró Santos mientras arrancaba simbólicamente una planta de un campo escarpado de Pueblo Nuevo, para reemplazarla por un banano.

Hay urgencia: la coca cubre más de 96,000 hectáreas, un récord desde 2007, y Colombia es el primer exportador de cocaína con 646 toneladas en 2015, según la ONU, para disgusto de Estados Unidos, primer destino de la cocaína. Para uno de los dirigentes de las FARC presente en Pueblo Nuevo, “la gente tiene muchas esperanzas de que (…) se pueda erradicar la marginalidad”.

Pero “la droga no es sólo un problema de Colombia, es un problema mundial. Así no haya demanda”, declaró el comandante guerrillero Félix Antonio Muñoz Lascarro, más conocido por su nombre de guerra “Pastor Alape”, quien apeló a la comunidad internacional para que ayude a controlar el narcotráfico.

El plan, que abarca a 83,790 familias, tiene el propósito de erradicar 50,000 hectáreas de cultivos de coca en los próximos 12 meses a cambio de una subvención mensual de un millón de pesos (unos 330 dólares) durante un año y asistencia técnica durante dos años.

Bueno, ‘si el gobierno cumple’

El programa también fue lanzado en el Guaviare, entre otros departamentos. “Nuestro problema es que no tenemos vías, no tenemos electrificación, no tenemos comunicación, nosotros vivimos realmente sin ningún apoyo, sin nada porque el gobierno nacional no ha llegado a nuestras comunidades”, se lamenta Milena Alcira Álvarez, de 40 años.

Esta campesina, representante de los “cocaleros” de Guaviare, está sin embargo de acuerdo con el plan, pues estima que “el proceso de paz es bueno siempre que el gobierno cumpla”.

Según Nelsy Dominga Rodríguez, de 42 años, “si se acabara la coca, de pronto hay paz porque la guerra se ha hecho en torno a la coca” utilizada desde hace 30 años por los grupos armados para financiarse.

Con el transcurso de las décadas, la guerra involucró a una treintena de guerrillas de extrema izquierda, milicias paramilitares de ultraderecha y las Fuerzas Armadas, lo que dejó al menos 260,000 muertos, más de 60,000 desaparecidos y 7.1 millones de desplazados por la violencia.

 

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