Rush: un trío que le hace realmente honor a su fama

Geddy Lee, bajista, vocalista y tecladista, en el Honda Center (FOTO: SERGIO BURSTEIN)

Rush no es el único grupo de rock que se formó a fines de los 60 y que sigue activo, pero no nos cabe duda de que, en el rubro de los famosos, es no sólo uno de los más longevos, sino también uno de los más productivos, como lo demuestra el hecho de que, a 44 anos de su formación, sigue lanzando de manera constante trabajos nuevos que, además, suele presentar exhaustivamente en vivo, como para demostrar que no los hace únicamente por cumplir.

Es un grupo que, además, gira incesantemente, lo que resulta también absolutamente inusual para las agrupaciones veteranas; de hecho, nosotros mismos tuvimos ya la oportunidad de verlo en junio del año pasado, en las instalaciones del Anfiteatro Gibson, para ofrecerles la reseña que se encuentra aquí, y el concierto que comentamos en estos momentos, realizado el sábado pasado en el Honda Center de Anaheim, forma parte de un tour que llega este lunes al mismo Gibson, en Los Angeles.

Puestas así las cosas, y en medio de la mentada abundancia, Rush se ha convertido en un curioso espécimen que se incluye desde hace tiempo en las filas del venerable ‘rock clásico’, pero que se niega a la vez a ofrecer presentaciones dedicadas a recopilar sus grandes éxitos, lo que puede disgustar a quien asista por primera vez a verlos esperando una lista interminable de canciones conocidas, pero que es una auténtica ventaja para los verdaderos fans, que pueden someterse a un espectáculo novedoso y hasta sorprendente en cada ocasión, empezando por los cambiantes diseños escenográficos, que esta vez se inclinan hacia esa subrama de la ciencia-ficción conocida como ‘steampunk’.

No se trata tampoco de que el combo canadiense le cierre las puertas a la nostalgia, porque sus shows, que suelen durar cerca de tres horas, le dan siempre dan cabida a varias piezas reconocibles, y la faena de ayer no fue una excepción, ya que se inició con “Subdivisions” y terminó con una generosa selección compuesta por “YYZ”, “The Spirit of Radio”, “Tom Sawyer” y los tres mejores surcos del soberbio “2112” (1976): “Overture”, “The Temples of Syrinx” y “Grand Finale”. Todos estos cortes fueron interpretados con un impresionante nivel de entusiasmo y de energía, y es absolutamente natural pensar que nada de lo actual podrá igualarlos; pero lo que se escuchó en medio de ellos no resultó nada despreciable.

El guitarrista Alex Lifeson y, atrás, el baterista Neil Peart, al lado del conjunto de cuerdas (FOTO: SERGIO BURSTEIN)

En la primera parte, Rush se dedicó a revisar composiciones poco conocidas (al menos para las masas) de los ’80, provocando con ello reacciones diversas en la audiencia, que llenó casi por completo el vasto auditorio. Aunque los que acudieron en pos de los ‘hits’ parecían desconcertados, cada gema rara era recibida con rugidos de aprobación por los entendidos,  como fue el caso de “The Analog Kid”, del “Signals” (1982), que le inyectó una saludable dosis de rock’n’roll rudo al estilo a veces preciosista de la banda.

Tras una hora de música y veinte minutos de intermedio, una pantalla gigante proyectó un divertido video en el que el comediante Jay Baruchel interpretaba a un cobrador de impuestos que se perdía en un castillo mágico regentado por tres enanos con las caras de los integrantes de Rush. Después de eso, los mismos rockeros regresaron a la tarima, pero esta vez acompañados por un conjunto de cuerdas que les permitió reproducir en toda su magnitud la mayoría de temas presentes en “Clockwork Angels”, el álbum que salió en junio y que ha llegado a ser considerado por algunos críticos como uno de los mejores trabajos de la agrupación.

Lo cierto es que, llevado a la ‘arena’, el disco probó sus numerosos méritos, sobre todo en cortes como el cadencioso “Carnies” –donde las cuerdas, a veces opacadas por el estruendo eléctrico, gozaron de una buena presencia– y el extraordinario “Headlong Flight” –que posee sonoridades muy ‘metaleras’ y encontró al baterista Neil Peart haciendo unos redobles absolutamente fantásticos-. Leer más

 


El autor

Sergio Burstein es contribuidor Vívelohoy

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