Taiwán, la ciudad de los templos

Por en 01/17/11 1:21pm

Por Cecilia Núñez

Por más que los estímulos de Taipei hayan tejido una red de seducción de la que es difícil escapar, hay que caer en la tentación de hacer un viaje al pasado, tomando camino al sur hacia la ciudad de Tainan, la antigua capital de la isla.

A bordo del tren de alta velocidad (High Speed Rail), que opera desde el 2007, el trayecto se realiza sólo en 60 minutos, y no en las cuatro horas que tomaría llegar en auto.

Viajar en tren bala en Taiwán es una de esas experiencias que recuerdan por qué a veces es más importante el recorrido que el destino. Este ferrocarril de alta velocidad es uno de los orgullos de los taiwaneses, y no exageran al presumirlo. Recorre una extensión de 345 kilómetros de norte a sur uniendo las cuatro ciudades más pobladas del país: Taipei, Taichung, Tainan y Kaoshiung, y alcanza una velocidad de hasta 315 kilómetros por hora.

Apenas se logra salir del asombro del tren bala, cuando se llega a Tainan, la cuarta ciudad más grande del país que también hace las veces de una especie de museo viviente: guarda los vestigios de más de 400 años de antiguas fortalezas y de templos dedicados a todo tipo de deidades, como el dios de la guerra, la diosa de la misericordia, y muchos otros dioses budistas, taoístas y locales. No por nada le llaman la capital cultural de Taiwán.

Casi en cada esquina se levanta un templo que, con su arquitectura tradicional, se impone a la modernidad de algunos edificios de la ciudad. Tainan alberga cientos de templos, pero los habitantes se conforman con definirla como la ciudad de los 100 templos. Algunos de ellos son los mejor preservados de la cultura china tradicional, como el templo de Confucio, de 1665; el de Kuanti, donde los funcionarios de la dinastía Ching rendían culto al dios de la guerra, y el de Wufei, dedicado a las cinco concubinas que prefirieron suicidarse y morir con su príncipe que someterse a la entonces impuesta dinastía Ching.

Hay que entrar a alguno de ellos y seguir el ritual que se marca. “El templo es como una persona, con dos brazos y cabeza; siempre hay que entrar por la izquierda y salir por la derecha. Es necesario ofrendar fruta, comida vegetariana o inciensos a los dioses y entender la diferencia entre los principales y los secundarios, porque en la tierra, como en el cielo, hay jerarquías”, explica Carmen Tsai, secretaria de prensa de la Oficina de Información del Gobierno de Taiwán.

El templo dedicado a la diosa del mar y de la misericordia, Matsu o Guanyin, es uno de los más conmovedores, si es que se logra romper las barreras culturales y dejarse envolver por la energía armoniosa y pacífica del lugar.

Pero no todo es religión en Tainan. Dicen que aquí viven las mujeres más lindas del país y también las que son “mejores partidos”, pues en este sitio se sigue practicando la dote. Así es que los hombres, al casarse, además de compartir su vida con una bella taiwanesa, se hacen acreedores a diversos bienes de la familia de la novia, como cuentas bancarias, casas o autos.

La comida también es un atractivo de Tainan, donde se continúa con la tradición culinaria del hsiaochih (platos para llevar). Además de los restaurantes, el mercado nocturno de Hsiaopei, es una buena oportunidad para probar las pastas de Danzi, ligeramente picantes, servidas con salsa de carne.

Pero más allá de la explosión de sabores, del interés histórico de cada construcción y de la espiritualidad que se siente en cada templo, la experiencia más entrañable que regala Taiwán es adentrarse en la filosofía y el estilo de vida de su gente. Compartir la mesa con ellos, da una idea sobre su generosidad, sutileza y respeto. Hay ciertas reglas inquebrantables: la comida se comparte, siempre se piensa más en el otro que en uno mismo; no se dejan en el plato sobras de arroz, porque un grano es el sudor de un campesino, y un hombre de campo jamás probará la carne de buey, porque ha visto morir al animal llorando.

El arte de las letras

Las primeras caligrafías se plasmaron en papel con un pincel flexible hecho con pelo de animal. Taiwán heredó de China continental esta forma de escritura, que se convirtió en expresión artística.

Las obras caligráficas pueden incluir fragmentos de poesías o cantos, y la importancia de cada carácter es su carga de significados relacionados con emociones, y el hecho de que más que letras se trata de conceptos. Incluso el acto de escribir, además de ser considerado un arte, es definido como una actividad terapéutica, ya que al rozar el papel con los pinceles cargados de tinta se crea una armonía entre el ying y el yang.

Para saber

A lo largo de su historia, Taiwán recibió migraciones de diferentes etnias del imperio chino y ha estado ocupada parcialmente en distintas épocas por holandeses, españoles, franceses y japoneses.

También se le conoce como Formosa, que significa Hermosa, nombre dado por los portugueses, cuando fue avistada en el siglo XVI.

En los años 80, el régimen político evolucionó hacia una democracia presidencialista. Las relaciones internacionales de Taiwán están marcadas por su difícil relación con la República Popular China. En la actualidad, 23 países reconocen oficialmente a Taiwán como país independiente.