Rocío Sánchez Azuara: ‘Mi vida no ha sido fácil’

Por en Noticias 07/8/11 5:34pm
Rocío Sánchez Azuara. Azteca

Cuando Rocío Sánchez Azuara estuvo de paso por la televisora Telemundo hace unos años, la cadena nunca le permitió salir al aire en vivo con su programa.

Según la periodista y conductora de “Talk Show”, nunca le tuvieron la confianza de que ella pudiera controlar una situación extrema en caso de presentarse un percance verbal que podría haber sido perjudicial para una transmisión en directo.

Lo curioso, es que la reconocida figura mexicana venía de tener éxito y la experiencia necesaria en la cadena TV Azteca con el programa “Cosas de la Vida” en los años 90, pero luego llegaron otros espacios como “Cuenta conmigo y “Al Otro lado del Espejo”, en los que puso a prueba su destreza profesional.

En Telemundo no duró mucho y su vida profesional tomó otro rumbo. Pero luego le ofrecieron la oportunidad de relanzar el programa que le dio muchas satisfacciones y la conectó con el mundo que ella conoce, el de los Talk Shows y fue así, por cosas de la vida que volvió a “Cosas de la vida”.

“Yo siento que en Telemundo tuvieron miedo de no saber cómo manejar las situaciones porque se presentaban casos muy fuertes y temían que yo no pudiera, de pronto, manejarlo si había una mala palabra o alguna ofensa y yo no poder pararla. Creo que tenía que ver con el poco conocimiento de lo que yo hacía o de lo que sé hacer”, cuenta la comunicadora que desde hace 8 meses se siente feliz de haber regresado a su antigua casa para conducir una nueva temporada de este popular programa dirigido a la familia.

Rocío está consciente que en un programa en vivo cualquier cosa puede pasar y más si se trata de un Talk Show, donde nunca se sabe cómo reaccionarán los invitados. “Si un Talk Show lo conduce cualquier persona, esas cosas peligrosas pueden suceder más fácilmente, pero si lo conduce un profesional es más dificil que suceda”, comenta con seguridad esta periodista que también se destacó en programas como “Ciudad Desnuda” y “Visión Urbana”.

Al preguntarle sobre qué es lo que tiene ella para tener ese éxito en los Talk Shows, Rocío responde sin titubear. “Creo que es mi temple. No soy una persona para nada agresiva, sin embargo, tengo una personalidad fuerte y siento que el cariño y la confianza que tiene la gente en mí, porque soy una persona que viene de abajo y mi vida es muy parecida a la de cualquier persona. No soy de escándalos, no me interesan, pero me doy a respetar. Yo vivo del medio, más no en el medio. No soy estrella. Creo que tengo un trabajo extraordinario, pero soy más ordinaria que todos”, asegura Rocío, quien desde muy pequeña, a los 9 años de edad, se hizo cargo de su casa cuando se enteró que su padre moriría de cáncer. “Vengo de la Huasteca Potosina, [en San Luis Potosí, México] donde los recursos son muy escasos. Mi familia es de clase media baja, que ahora en México ya no existe. Yo crecí con dos pares de zapatos: unos blancos y unos negros. Yo vengo de abajo”, apunta con la mirada fija.

Su lucha por resolver casos en su programa ha sido intensa y “desinteresada”, dice. Rocío vive los casos dentro y fuera del set. Uno de ellos es el que ha vivido con una joven llamada Nancy, víctima de su propia madre y que Rocío le ha hecho frente como un gesto de ayuda humanitaria.

“Es una niña que su madre diagnosticó con esquizofrenia a los 3 años de edad, algo que no es posible para una criatura de esa edad, pues ningun médico diagnosticaría una enfermedad semejante a un bebé. Lo que pasa es que la madre sí es esquizofrenica y decidió que su hija también lo era. Hoy en día ya adulta, Nancy escribió al programa contando una verdad atroz, que más tarde comprobé cuando visitamos su casa, donde no habia muebles y donde ella era tratada como esquizofrénica con narcóticos. Hoy vive una vida libre luego de haberla rescatado”, cuenta Rocío y agrega con cierta nostalgia que al igual que Nancy su vida personal también ha sido marcada por tragedias.

Su calvario detrás del lente

Y es que fuera de las cámaras, Rocío vive su propio drama. Y como ella misma dice, ha aprendido a vivir día a día con el padecimiento que muestra su hija quien desde la edad de los 12 años fue diagnosticada con una enfermedad conocida como Lupus sistémico eritematoso, el más agresivo de los tipos existentes.

Hoy su hija tiene 23 años de edad. “Mi vida no ha sido muy fácil, me ha costado mucho trabajo salir adelante, pero si yo tuviera que volver a vivir, viviría de la misma manera a pesar de que he sufrido mucho en el trayecto y en el intento, porque creo que esas cosas te van marcando y eso forma parte de mi destino. Yo siento que Rocío Sánchez Azuara no sería quien es si no hubiera pasado todas esas experiencias, porque eso me ha fortalecido”, señala.

El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune, ello significa que el sistema inmunológico del cuerpo ataca por error al tejido sano. Es una enfermedad crónica y se manifiesta a través de la inflamación en las articulaciones, órganos y tejidos del cuerpo. Otros síntomas son cansancio extremo, sueño constante, manchas en la piel, caída del cabello, dolores de cabeza, llagas en boca y nariz, dedos morados, manchas en la cara en forma de mariposa.

Hoy día, la ciencia no ha descubierto una cura a esta enfermedad, sino que existe un control para que los pacientes y su entorno aprendan a vivir con ese padecimiento.

“Pero se está estudiando. Vivo el día a día y es como tenemos que vivir, porque no se trata sólo del paciente sino de todo su entorno. Tienes que cambiar tu rutina de vida porque ésta se transforma. A mí, por ejemplo, me gusta asolearme, pero no tomo sol y si mi hija me ve, obviamente va a querer hacerlo y eso es algo que ella no puede hacer. Han sido muchos años de padecimientos, de subidas y bajadas, de caídas en el precipicio y de volver a levantarse, porque le llegó a atacar el cerebro, riñones, corazón y los pulmones”, comenta Rocío quien ha dedicado su existencia ha “acolchonarle” la vida a su hija para que aprenda a vivir con restricciones y que a su vez éstas resultan ser maneras comunes de vida, mientras se somete a sus controles médicos.

Uno de los grandes deseos que tiene Rocío es que finalmente su hija pueda aprender a exteriorizar su experiencia y la pueda transmitir a otras personas que padecen la enfermedad. “Es difícil, pero creo que finalmente lo podremos lograr. Últimamente ella está manejando mejor el estrés que hace que se manifiesten los sintomas. Pero confío en ella porque es una chica brillante”, expresa con orgullo.