Paul Ryan, un férreo conservador con una hoja de ruta para reducir el déficit

El representante federal Paul Ryan (R-Wis.), aspirante republicano a la vicepresidencia, en Daytona Beach la semana pasada. EMMANUEL DUNAND | GETTY

Por Miriam Burgués

WASHINGTON - El candidato republicano a vicepresidente de EEUU, Paul Ryan, es un joven político en ascenso aferrado al conservadurismo fiscal, líder intelectual de una nueva generación de ideólogos económicos dentro de su partido e idolatrado entre el movimiento derechista Tea Party.

A sus 42 años “es exactamente la misma persona” que cuando tenía 19: “Concienzudo, muy trabajador y con un apetito insaciable para discutir ideas políticas”, recuerda César Conda, jefe de gabinete del senador Marco Rubio y veterano conservador que lo conoce desde hace más de dos décadas.

Haber apostado por él es arriesgado para Mitt Romney, el aspirante republicano a la Casa Blanca y más moderado en cuestiones económicas y sociales, pero lo cierto es que de los candidatos a vicepresidente que se barajaron Ryan tiene el perfil idóneo para ayudar a su “jefe” a movilizar a las bases más conservadoras.

Nacido en Janesville, Wisconsin, representa a ese estado en el Congreso desde 1999, cuando tenía 28 años, y actualmente preside el Comité de Presupuestos de la Cámara de Representantes.

Desde que llegó al Congreso y se convirtió en el segundo político más joven en la colina del Capitolio decidió seguir viviendo en Janesville, en lugar de trasladarse a Washington como la mayoría. Allí se ha construido una imagen de devoto padre de familia aficionado a la caza y habitual del gimnasio.

Se casó en 2000 con Janna Little, una abogada graduada en español que trabajó en Washington para la consultora PricewaterhouseCoopers, y el matrimonio tiene dos hijos y una hija.

Licenciado en Ciencias Políticas y Economía por la Universidad de Miami de Ohio en 1992, Ryan es católico y trabajó para el negocio de construcción de su familia antes de comenzar su carrera política.

Es el más joven de cuatro hijos y su padre, abogado, falleció de un ataque al corazón cuando él tenía 16 años.

Joven pero experimentado y curtido en Washington, no ha perdido el tiempo y ha conseguido tanto aplausos como críticas con sus ideas económicas ultraconservadoras, alineadas con las propuestas de los simpatizantes del Tea Party.

Ryan tomó en los últimos años las riendas de la política presupuestaria republicana, que prevé fuertes recortes en programas sociales, educación e infraestructuras y plantea transferir poder federal a los estados para reducir el déficit.

Ha sido después de una larga lucha, solitaria muchas veces, la primera versión de su “hoja de ruta” para lograr la reducción de la elevada deuda pública estadounidense, donde la única partida intocable es el gasto en defensa, que fue ignorada completamente en 2008 por el entonces candidato presidencial republicano, John McCain.

Pero los buenos resultados de los republicanos en las elecciones legislativas de 2010, debido en buena parte al triunfo de candidatos del Tea Party, dieron alas a Ryan en el Congreso y, en consecuencia, a su plan.

La Cámara de Representantes ya lo aprobó en dos ocasiones, pero siempre ha muerto en un Senado controlado por los demócratas, y el propio Romney lo defiende con algunos cambios.

Hoy Ryan “representa aproximadamente a la mitad de los seguidores” de su partido y es un “apóstol republicano del capitalismo de libre mercado y el gobierno limitado”, según Erwin Hargrove, profesor emérito de la Universidad de Vanderbilt.

Los mayores riesgos para Romney pueden venir de los intentos de Ryan de abordar temas delicados como la reforma al Medicare, el programa de atención sanitaria para mayores de 65 años y discapacitados que beneficia a 49 millones de estadounidenses.

El plan de Ryan es privatizar parcialmente el Medicare para 2022, acabar totalmente con la reforma que establece el seguro médico obligatorio promulgada por Obama en 2010 y transferir parte del coste de la Seguridad Social al sector privado.

En temas sociales como el aborto también se ha mostrado más conservador que Romney y considera que “la vida comienza con la concepción”.

No obstante, siempre ha dejado claro que serán las políticas del ex gobernador de Massachusetts las que prevalecerán si ambos llegan a la Casa Blanca.

Además de su experiencia como congresista, Ryan ayudó a lanzar un programa de su partido para reclutar y promover a candidatos conservadores en cada rincón del país.

Durante su etapa en el Congreso votó a favor de la invasión de Irak y también del rescate a la industria del motor impulsado por el presidente Barack Obama tras la crisis de 2008. Su experiencia en política exterior es nula.

Paul Ryan, un férreo conservador con una hoja de ruta para reducir el déficit

Por Miriam Burgués

WASHINGTON – El candidato republicano a vicepresidente de EEUU, Paul Ryan, es un joven político en ascenso aferrado al conservadurismo fiscal, líder intelectual de una nueva generación de ideólogos económicos dentro de su partido e idolatrado entre el movimiento derechista Tea Party.

A sus 42 años “es exactamente la misma persona” que cuando tenía 19: “Concienzudo, muy trabajador y con un apetito insaciable para discutir ideas políticas”, recuerda César Conda, jefe de gabinete del senador Marco Rubio y veterano conservador que lo conoce desde hace más de dos décadas.

Haber apostado por él es arriesgado para Mitt Romney, el aspirante republicano a la Casa Blanca y más moderado en cuestiones económicas y sociales, pero lo cierto es que de los candidatos a vicepresidente que se barajaron Ryan tiene el perfil idóneo para ayudar a su “jefe” a movilizar a las bases más conservadoras.

Nacido en Janesville, Wisconsin, representa a ese estado en el Congreso desde 1999, cuando tenía 28 años, y actualmente preside el Comité de Presupuestos de la Cámara de Representantes.

Desde que llegó al Congreso y se convirtió en el segundo político más joven en la colina del Capitolio decidió seguir viviendo en Janesville, en lugar de trasladarse a Washington como la mayoría. Allí se ha construido una imagen de devoto padre de familia aficionado a la caza y habitual del gimnasio.

Se casó en 2000 con Janna Little, una abogada graduada en español que trabajó en Washington para la consultora PricewaterhouseCoopers, y el matrimonio tiene dos hijos y una hija.

Licenciado en Ciencias Políticas y Economía por la Universidad de Miami de Ohio en 1992, Ryan es católico y trabajó para el negocio de construcción de su familia antes de comenzar su carrera política.

Es el más joven de cuatro hijos y su padre, abogado, falleció de un ataque al corazón cuando él tenía 16 años.

Joven pero experimentado y curtido en Washington, no ha perdido el tiempo y ha conseguido tanto aplausos como críticas con sus ideas económicas ultraconservadoras, alineadas con las propuestas de los simpatizantes del Tea Party.

Ryan tomó en los últimos años las riendas de la política presupuestaria republicana, que prevé fuertes recortes en programas sociales, educación e infraestructuras y plantea transferir poder federal a los estados para reducir el déficit.

Ha sido después de una larga lucha, solitaria muchas veces, la primera versión de su “hoja de ruta” para lograr la reducción de la elevada deuda pública estadounidense, donde la única partida intocable es el gasto en defensa, que fue ignorada completamente en 2008 por el entonces candidato presidencial republicano, John McCain.

Pero los buenos resultados de los republicanos en las elecciones legislativas de 2010, debido en buena parte al triunfo de candidatos del Tea Party, dieron alas a Ryan en el Congreso y, en consecuencia, a su plan.

La Cámara de Representantes ya lo aprobó en dos ocasiones, pero siempre ha muerto en un Senado controlado por los demócratas, y el propio Romney lo defiende con algunos cambios.

Hoy Ryan “representa aproximadamente a la mitad de los seguidores” de su partido y es un “apóstol republicano del capitalismo de libre mercado y el gobierno limitado”, según Erwin Hargrove, profesor emérito de la Universidad de Vanderbilt.

Los mayores riesgos para Romney pueden venir de los intentos de Ryan de abordar temas delicados como la reforma al Medicare, el programa de atención sanitaria para mayores de 65 años y discapacitados que beneficia a 49 millones de estadounidenses.

El plan de Ryan es privatizar parcialmente el Medicare para 2022, acabar totalmente con la reforma que establece el seguro médico obligatorio promulgada por Obama en 2010 y transferir parte del coste de la Seguridad Social al sector privado.

En temas sociales como el aborto también se ha mostrado más conservador que Romney y considera que “la vida comienza con la concepción”.

No obstante, siempre ha dejado claro que serán las políticas del ex gobernador de Massachusetts las que prevalecerán si ambos llegan a la Casa Blanca.

Además de su experiencia como congresista, Ryan ayudó a lanzar un programa de su partido para reclutar y promover a candidatos conservadores en cada rincón del país.

Durante su etapa en el Congreso votó a favor de la invasión de Irak y también del rescate a la industria del motor impulsado por el presidente Barack Obama tras la crisis de 2008. Su experiencia en política exterior es nula.


El autor

Agencia EFE es agencia de noticias Vívelohoy

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