Spanish Harlem, refugio de los latinos damnificados por Sandy en Nueva York

Por en EEUU 11/1/12 3:12pm
La falta de electricidad, la imposibilidad de volver al trabajo, calles inundadas y un transporte público a medias complican aún la vida de muchos newyorkinos tras el paso del huracán Sandy. SPENCER PLATT | GETTY

NUEVA YORK - “Me vine con mi esposa y mis dos hijos a lo de mis hermanas, en mi edificio en la 23 no hay electricidad ni agua”, dice William Torres, un puertorriqueño de 47 años, mientras se afeita la cabeza en la peluquería Los Muchachos de Spanish Harlem, en el norte de Manhattan.

“El 75% de mis vecinos abandonaron el edificio, pero quedaron los ancianos, atrapados, sin ascensor y sin asistencia”, se compadece Torres, que hace cuatro días que no trabaja porque la concesionaria donde vende automóviles también está sin electricidad en el sur de la isla de los rascacielos, el corazón de Nueva York.

“Si no trabajo, no cobro”, explica, como le ocurre a la legión de neoyorquinos afectados por el ciclón Sandy, que azotó en la noche del lunes la costa este de Estados Unidos dejando un rastro de destrucción, decenas de muertos y millones de damnificados.

“El Barrio”, como lo llaman los latinos que allí viven, se salvó del temporal, hay electricidad, no hubo daños materiales ni inundaciones y la vida parece transcurrir normalmente, entre taquerías mexicanas, comercios de música con la salsa a todo lo que da, y poca circulación en las calles.

Pero el gerente del Mercado Capellán, el dominicano Elvis Rodríguez de 44 años, se inquieta por la escasez y la especulación.

“No hay productos de primera necesidad. No tenemos pan ni leche”, explica.

“La preocupación que yo tengo es que suban los precios. Hoy fui al mercado y no había muchas cosas y las que había las querían vender a sobreprecio. Yo no las compré”, añade.

“En el barrio hay gente que vive con estampillas de comida, con asistencia social. Siempre es el pobre el que sufre”, explica, al tiempo que se queja de la caída en las ventas.

Víctor Polanco, otro dominicano de 52 años, descarga cajones de cerveza en una licorería a ritmo de merengue, que inunda la calle desde los parlantes de su camioneta.

Al ser interrogado sobre la situación privilegiada que vive el barrio comparada a la de los latinos que viven en el sur, sostiene que igual están amenazados por las consecuencias del temporal.

“No hay gasolina en los bocales. A mí se me acaba hoy y ya no podré trabajar”, sostiene.

La concejal del distrito, Melisa Mark-Viverito dice que en el barrio, donde viven unas 100.000 personas, sobre todo mexicanos y puertorriqueños, “hubo muy poco impacto del ciclón”.

“Sólo 10 personas están alojadas en el albergue, los damnificados que vienen del sur de Manhattan se alojan con familiares o amigos”, explica.

Reconoce que comienza a haber especulación en los precios de los alimentos, pero asegura que el defensor del pueblo de Nueva York ha pedido que la población denuncie estos abusos a su oficina.

Afirma que los latinos más afectados de Nueva York son los que habitan Loisaida, un término en spanglish que designa al Lower East Side de Manhattan, y Redhook en Brooklyn, localidades que no tienen electricidad.

“Muchos habitan en viviendas públicas y no están recibiendo comida, apoyo”, afirma.

El Museo del Barrio, instalado desde 2009 en un magnífico edificio frente al Central Park, reabrió el jueves sus puertas con su exposición “El Caribe en la encrucijada”, pero los visitantes no han llegado.

Von Díaz, una puertorriqueña de 30 años encargada de relaciones públicas en el museo, dice que la gente no sale del barrio, que ha vivido los últimos cuatro días en calma y con poca circulación.

“Ayer, en el día de Halloween, la calle estaba llena de niños disfrazados, como nunca había ocurrido antes. Ellos recordarán siempre este Halloween tan especial, ajenos en su inocencia al trauma del temporal”, dice Von.