Crímenes obligan a una iglesia mexicana a blindarse contra las balas

Por en Mundo 11/22/12 1:35pm
Imagen de la Iglesia Santa Teresa de Ávila, en el barrio Solidaridad de Monterrey, Nuevo León. Ante la violencia, el párroco decidió 'blindar' la iglesa para seguridad de los feligreses. JULIO CÉSAR AGUILAR | GETTY

MONTERREY- Acorralado por la inseguridad, un sacerdote de la ciudad mexicana de Monterrey (norte) se vio obligado a levantar un alto muro para proteger a sus feligreses y a instalar un semáforo que alerta sobre las frecuentes balaceras.

El sacerdote estadounidense Scott McDermott contó que la decisión la tomó luego que en abril de 2011 se desatara un tiroteo afuera de la iglesia, ubicada en la comunidad Ciudad Solidaria, a unos 200 km de la frontera con Estados Unidos, en Monterrey, la tercera ciudad en importancia de México.

La balacera, al parecer entre narcotraficantes, provocó que “todo el mundo corriera para entrar a la parroquia, y los que estábamos adentro no sabíamos lo que pasaba, había mucho pánico”, narró McDermott, cuya parroquia además desembolsa 12,000 pesos mensuales (unos 900 dólares) en los sueldos de ocho guardias.

El muro, instalado dos meses después del incidente y que llega en algunos sectores a los seis metros de alto, protege el frente de la parroquia “de algún ‘granadazo’ o una bala perdida”, cuenta el párroco sobre el paredón que ya luce los rastros de las balas.

A su vez, un semáforo fue ubicado a un lado del altar para indicar a los feligreses la situación en el exterior del edificio. Con la luz en verde la situación es normal, en amarillo indica que ha ocurrido un hecho violento o se han visto personas armadas en las últimas 24 horas en los alrededores, y en rojo cuando hay balaceras.

“Esta fue una idea muy buena del padre Scott, porque la verdad aquí se dan a cada rato las balaceras y así, con las luces (del semáforo) y la barda, nos sentimos más protegidos y está uno más a gusto en la misa”, dijo María del Socorro Aguilar, una viuda de 62 años que tiene por lo menos una década asistiendo a las misas dominicales.

Monterrey está a 950 km de la capital mexicana y hasta hace unos años era una de las ciudades con más tranquilidad del país.

Pero a partir de 2010, se convirtió junto con el resto de los municipios del estado de Nuevo León en uno de los escenarios de disputas entre el cártel Los Zetas, formado a mediados de los 1990 por militares de élite desertores, y sus exaliados del cártel del Golfo.

En agosto de 2010, miembros de Los Zetas prendieron fuego a un casino ubicado en un exclusivo sector de Monterrey provocando la muerte de 52 personas, la mayoría mujeres.

McDermott dice que los efectivos de la policía local ayudan a vigilar “en lo que pueden”, pero no disponen de recursos humanos suficientes. Además de lidiar con las acciones del crimen organizado, los feligreses enfrentan asaltos y robos de automóviles.

“Si dejamos que los ‘mañosos’ (delincuentes) se queden como dueños de las calles, ¿cómo van a crecer nuestros hijos? Pues se van a meter de delincuentes”, afirmó Jorge Henríquez, un carpintero padre de dos niños de 8 y 10 años.

“Por eso apoyo al padre (McDermott), porque hay que defendernos de esta gente y muchos pensamos así, no nos vamos a dejar que nos corran de aquí y nosotros somos más, así que primero se van ellos”, dijo.

La confrontación de los cárteles, aunados a los operativos para combatirlos, han dejado en todo el país un saldo de más de 60,000 personas muertas desde diciembre de 2006, cuando el presidente Felipe Calderón lanzó una ofensiva antidroga con una mayoritaria participación militar.

En México, los narcotraficantes extorsionan a comerciantes, profesionales e incluso a sacerdotes y pastores bajo amenaza de muerte, otra de las varias formas que usan para hacerse de mayores recursos económicos.