Atrayendo el otro en Sudáfrica

Por en Mundo 11/25/12 12:09pm
Desmond Tutu, ganador del premio Nóbel, dará una oración a la conferencia en Sudáfrica que se llama "Atrayendo el otro". (STEPHANE DE SAKUTINSTEPHANE DE SAKUTIN/AFP/Getty Images)

El próximo miércoles voy de viaje con mi esposa Dunreith.

Nuestro destino: Bloemfontein, Sudáfrica.

Sin embargo, no vamos al país de Mandela a descansar.

Vamos a participar en una conferencia internacional que se llama “Atrayendo el otro”.
Iniciado por Pumla Gobodo-Madikizela, ex miembro de la Comisión de Verdad y Reconciliación de Sudáfrica, la reunión se enfocará en los esfuerzos de individuos, grupos y comunidades que busca a entender otros que son diferentes y que antes estaban al otro lado de los conflictos serios.

Hay sobrevivientes del genocidio en Rwanda, afrikáners y personas de raza negra de Sudáfrica, y descendientes de ambos lados del holocausto.

Aquí es donde entramos a la conversación.

Al lado de mi padre Edward Lowenstein, mi familia vivió en Alemania por generaciones.

Mi abuelo Max, su papá, luchó por el país durante la Primera Guerra Mundial.

Se lesionó el brazo derecho y quedó sordo después de su servicio.

Mis antepasados se consideraron primero como alemanes, y judíos por accidente de nacimiento.

Por esta razón, y otras, era difícil para algunos miembros de mi familia enfrentar la realidad en los años treinta de que el país en lo que crecieron no era más seguro.

Y para muchos, como mi bisabuelo “Papa Joseph”, cuando lo aceptaron fue demasiado tarde.

Por mi abuelo, el cambio ocurrió después de Kristallnacht, antes conocida como “La noche de los cristales rotos.”

Esa noche, miles de casas, negocios y sinagogas fueron quemadas.

También mi abuelo fue sacado de su casa y abusado por días.

Afortunadamente, el gobierno inglés creó un programa que se llamaba el “Kindertransport”, o “Transporte para los niños”.  Ese programa dio asilo a 10,000 jóvenes de entre 4 y 17 años de Alemania y otros países.

Mi papá y mi tío Ralph Lowenstein fueron dos de ellos.

Mi padre salió después de su hermano porque tenía un caso de apendicitis.

Su padre, el veterano, llevó su hijo enfermo de doctor en doctor.

Todos rechazaron ayudarlo porque era judío.

Finalmente, ubicó a un doctor que lo operó en la mesa de la cocina.

Poco después de la operación, mi padre salió del pueblo y nunca regresó.

Hasta mayo pasado.

Había oído en septiembre de una maestra secundaria de Essen, una comunidad cerca al pueblo de mi padre.

Explicó que estaba organizando una ceremonia para conmemorar la presencia judía en el pueblo.

Nos invitó a asistir el evento.

No fue posible, pero les enviamos algunas fotos y una declaración alabando a la comunidad por su interés en el tema.

Esa interacción empezó un proceso en el que planeamos una semana para que mi padre volviera a su pueblo.

Eso pasó en mayo.

Fue una semana con mucha emoción y más eventos.

Fuimos a los apartamentos donde vivió mi padre y su familia.

Conocimos a una familia alemana que tenía nuestra Biblia por más de 20 años.

Fuimos al cementerio en el donde miembros de la familia fueron enterrados.

También participamos en dos ceremonias organizados para la maestra.

En dichas ceremonias, sus estudiantes contaron la historia de los judíos, de los judíos en el pueblo, de nuestra familia y el ascenso de los Nazis.

Un estudiante llamado Melina explicó por qué ella y otros estudiantes habían participado en la ceremonia.

“Esto no es porque nos sentimos como delincuentes ni porque nos sentimos como víctimas, sino porque es nuestra preocupación para recordar a las personas que vivían en Essen como ciudadanos respetables, como amigos, como conocidos, como compañeros de deporte, como padres, ya que los empleadores y empleados, de hecho, como ciudadanos de la ciudad de Essen”, decía ella.

Al final de la ceremonia, los estudiantes hicieron preguntas a mi padre.

¿Por qué regresó? ¿Qué piensa de nuestro país?

Mi padre respondió en un tono claro.

Dijo que algunos de los peores abusos en la historia sucedieron en Alemania. Al mismo tiempo, anunció que rechazó una oferta de dinero del pueblo, y usaría el dinero para establecer un premio para estudiantes que se comparten en una manera consistente con los valores de respeto por todos.

En nuestra sesión en Sudáfrica vamos a platicar sobre el viaje, el premio y las lecciones de la experiencia.

No sé qué vamos aprender, pero indudablemente me siento feliz de tener la oportunidad de estar con los otros participantes de la conferencia.