En 12 años, México pasó de la esperanza a la desilusión

Felipe Calderón, presidente de México, acompañado de su esposa Margarita Zavala, en Palacio Nacional el 20 de noviembre de este año. BERNARDO MONTOYA | REUTERS

Por Alejandro Moreno

CIUDAD DE MÉXICO — El juicio de la opinión pública respecto a los dos sexenios de presidentes panistas, de 2001 a 2012, arroja un panorama negativo, principalmente en la administración de Felipe Calderón: evaluaciones adversas en el desempeño económico y el empleo, una tendencia negativa en las opiniones sobre narcotráfico y una evidente desilusión en el tema de la corrupción. El saldo más notable de todo: la caída de seguidores panistas a su punto más bajo desde 2001.

Una serie de 45 encuestas nacionales realizadas por Grupo Reforma desde 2001 hasta 2012 da testimonio de los cambios y las tendencias en las evaluaciones que hizo la ciudadanía a los gobiernos de Vicente Fox y Felipe Calderón. Esas encuestas comprenden 67,475 entrevistas cara a cara en vivienda en todo el país.

El bono democrático que dio el triunfo electoral de 2000 a Vicente Fox, esa luna de miel del foxismo, duró poco. La popularidad de Fox bajó con rapidez y para el inicio de su segundo año de gobierno la miscelánea fiscal se encargó de sumir la popularidad presidencial a números rojos. La aprobación neta (porcentaje que aprueba menos porcentaje que desaprueba) bajó en sólo un trimestre de 32 a 5% entre 2001 y 2002. Aunque al final no prosperó, la idea de que se gravarían los alimentos y medicinas fue un motor del descontento, acaso de desilusión con el nuevo gobierno democrático. Un crecimiento económico moderado durante el segundo trienio foxista mantuvo la popularidad del mandatario a flote y una buena parte de ésta se pudo traducir en votos para Felipe Calderón en 2006. El mensaje de cambiar al jinete pero mantener al caballo revelaba la confianza de Fox en traducir su capital político en votos.

Luego de la disputada y polémica elección de 2006, Calderón no gozó de una luna de miel como lo hizo su antecesor, pero sí logró subir su popularidad a través de las medidas de combate al crimen organizado. Esto le permitió mantener un alto grado de aceptación ciudadana a pesar de la crisis financiera desatada en 2008. No obstante, en el último trimestre de 2009 su aprobación se hundió como consecuencia nuevamente de los impuestos: el aumento del IVA de 15 a 16%. El porcentaje neto de aprobación bajó de 43 a 13% en ese trimestre. Ya el presidente Zedillo había experimentado una severa caída en su aprobación en 1995 con el aumento al IVA (en ese entonces del 10 al 15%). Moraleja: el alza de impuestos golpea la popularidad presidencial.

Con una crisis de la magnitud de la que se experimentó en 2008 y 2009 sería de esperarse que las  evaluaciones de los ciudadanos a su gobierno sean negativas. Efectivamente así fue: a partir de 2008 las evaluaciones de la economía nacional iniciaron una tendencia descendente que tocó su punto más bajo a finales de 2009: el cambio en el porcentaje neto de opinión (opiniones favorables menos opiniones desfavorables) bajó de menos 3% en el primer trimestre de 2008 a menos 43% en el último trimestre de 2009. Las encuestas, casi como un espejo de cambio en el PIB en ese periodo, quedan como un indicador de la insatisfacción ciudadana con las condiciones económicas durante el gobierno de Calderón. A partir de 2010, esa insatisfacción ha disminuido, pero el saldo de las opiniones se mantiene en número rojos al final de la administración calderonista.

La declaración de guerra de Calderón al crimen organizado causó cierta ilusión en la opinión pública. El porcentaje neto de opiniones (positivas menos negativas) respecto a la forma como el Presidente estaba tratando el tema del narcotráfico se registró en 41% en el primer trimestre de 2007. Sin embargo, tres años y medio después el pesimismo ya predominaba y el porcentaje antes citado se había sumido a menos 19%. Las noticias sobre ejecuciones y el conteo del número de muertos son factores que acompañaron el desvanecimiento del optimismo inicial. Si bien Calderón mantuvo un amplio apoyo popular a sus esfuerzos de combate al crimen, la percepción de la ciudadanía es que el gobierno va perdiendo la guerra. Al final del sexenio la percepción popular en este rubro se mantiene en números rojos.

Una de las mayores expectativas con el cambio de gobierno en 2000 se centró en el tema de la corrupción. La llegada de un gobierno democráticamente electo y distinto al PRI prometía mejoras. La opinión pública estaba muy optimista al registrar en el primer trimestre de 2001 un porcentaje neto de desempeño en el manejo de la corrupción de 58%. Sin embargo, la tendencia en este indicador muestra una creciente desilusión. Para finales del sexenio de Fox la evaluación del gobierno (en porcentaje neto) había caído a menos 22%. La baja en expectativas fue dramática. Ya durante el gobierno de Calderón las evaluaciones en el tema de la corrupción se mantuvieron en números rojos (por debajo de cero) e incluso llegaron a tocar su punto más bajo en el segundo trimestre de 2010, con menos 34%.

El saldo del desempeño de los gobiernos panistas es claro: la derrota en la elección presidencial de 2012 y la caída en seguidores del blanquiazul a su punto más bajo desde 2001. En ese año, con Fox despachando en Los Pinos, 36% de la población se identificaba con el PAN: el mejor momento histórico del partido. A partir de entonces la tendencia en el panismo nacional fue a la baja y llegó a situarse en sus peores momentos en 19%, uno en el contexto de la miscelánea fiscal 2002 ya mencionada, y otro a principios del año electoral 2006.

El panismo tuvo un nuevo ímpetu en el primer año de Calderón, rebasando nuevamente el 30%, pero sin llegar a los niveles que se tuvieron con Fox. De ahí en adelante la tendencia también fue a la baja, llegando a su punto más reducido en agosto de 2012, con 15%, justo después de la derrota electoral. Calderón dejará la Presidencia este 30 de noviembre con el panismo en franca crisis de identidad.


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Agencia Reforma es contribuidor Vívelohoy

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