Entre protestas, abucheos y seguridad, EPN es ya presidente

 

Enrique Peña Nieto momentos después de haber juramentado en la Cámara de Diputados como presidente de México. HENRY ROMERO | REUTERS

Con polémica y a gritos inició la sesión legislativa en el Palacio Legislativo de San Lázaro que daría paso a la toma de posesión del presidente Enrique Peña Nieto.

El senador Jesús Murillo Karam, viejo conocido de la política mexicana y del PRI y ahora al frente de la Procuraduría General de la República, fue interrumpido por el diputado José Luis Muñoz Soria, del PRD, para que explicara el operativo interno en la sede legislativa.

Ante el temor de una posible toma de tribuna por parte de la oposición, el PRI asignó a un grupo de sus diputadas para que bloquearan los pasillos de acceso a ese sitio.

La llegada de Enrique Peña Nieto a San Lázaro estuvo precedida de un enfrentamiento entre supuestos integrantes del movimiento estudiantil #YoSoy132 y elementos de la policía.

Los invitados, todos, llegaron con anticipación a la cita. El gabinete, una especie de “amalgama perfecta entre experiencia y juventud”, encabezados por Luis Videgaray Caso (Hacienda) y Miguel Ángel Osorio Chong (Gobernación), los hombres fuertes de Peña Nieto, se aprestó en el recinto a eso de las 9 am, no podían fallarle al jefe.

Después de todo, el regreso del PRI al poder en México este sábado, de la mano de Peña Nieto, generó tanta expectativa como cuando se fue.

Para el análisis queda si se trata o no de un nuevo PRI, pero a juzgar por los nombres de quienes integran el gabinete, se parece más a la vieja guardia que a un movimiento renovado.

El presidente y su partido asumen las riendas de un país en donde el combate al crimen organizado, y al narcotráfico en particular, dejó tantos muertos civiles como en la guerra de Irak.

Mención aparte merece el hecho que los grupos armados que contribuyeron al caos en el sexenio de Felipe Calderón, quien se fue “seguro de haber cumplido con mi deber” y con despedida principesca, han prácticamente desaparecido de los medios, como si no llevaran a cabo actividades, como a la espera de que Peña Nieto asuma para ver cuál será la nueva estrategia gubernamental al respecto.

El preámbulo fue largo, larguísimo. Ya en San Lázaro, y a sabiendas de lo que iba a encontrar, Peña Nieto juramentó a las 11: 18 am como Presidente, no sin antes llevarse una andana da de abucheos por parte de la oposición.

En uno de los palcos de la Cámara de Diputados, las primeras damas, la saliente Margarita Zavala (abogada y ex diputada), y la entrante, Angélica Rivera (ex símbolo sexual, actriz, La Gaviota), contemplaban a sus maridos.

Después, la entonación del Himno Nacional Mexicano que, cosa extraña, contó con la marcha de guerra como música de fondo.

El acto protocolario duró apenas un par de minutos. Y las comparaciones, aunque odiosas, dicen algunas, fueron inevitables.

El traspaso de la banda de Calderón a Peña Nieto fue, según se vio, bien ensayada. Un abrazo forzado al principio, la entrega, y otro abrazo igual de forzado al final.

Al interior, una ceremonia que si bien tuvo sus abucheos, no fue tan jaloneada como hace seis años.

Al exterior, lo que no se vio con Calderón, un enfrentamiento que dejó cuando menos tres heridos, uno de ellos de gravedad.

Peña Nieto recibió la Presidencia mexicana en un acto que se desarrolló poco después de la medianoche, pero quedaba pendiente el juramento constitucional ante diputados y legisladores.

Calderón, antes de entregar la banda presidencial, la besó, en medio de gritos de legisladores a favor y en contra de Peña Nieto.

“Muy bien, Felipe, muy bien”, decían en favor del mandatario saliente. También se oyeron gritos como “Presidente, presidente” y “Asesino”, en referencia a Peña Nieto o Calderón, lanzados por legisladores a favor y en contra, respectivamente.

En la sede de la Cámara de Diputados, donde se reunió el Congreso bicameral, había una gran pancarta llevada por legisladores de la oposición, con cruces de luto, que decía: “Imposición consumada, México de luto”.

Los legisladores de izquierda portaban carteles con leyendas como “Estado fallido con Calderón a Estado vendido con su sucesor”, “Presidente de la violencia”, en alusión al mandatario saliente, y “candidato de telenovela”, sobre el entrante.

Después vendría el tradicional besamanos. Ya en Palacio Nacional, como en los buenos tiempos del PRI, sólo con los suyos, Peña Nieto recibiría el halago, el “a sus órdenes, señor Presidente”, el “recuerde que estamos para servirle”. Ahí, el nuevo presidente se dirigiría a la nación en un primer mensaje ya en funciones.

Se trató de la toma de protesta a 14 miembros de su gabinete, a quienes les pidió comprometerse y juramentar para cumplir y hacer cumplir la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos. “Sí, protestamos”, fue la respuesta de los 14.

-Con información de EFE


El autor

Octavio López es Breaking News Center Editor Vívelohoy

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