Persisten agresiones sexuales contra mujeres en la Fuerza Aérea de EEUU

Por en EEUU 12/6/12 8:00am
Jennifer Smith, sargento técnico de la Fuerza Aérea de EEUU, presentó una queja alegando que sus superiores hacen caso omiso del acoso y ataques sexuales del que son víctimas las mujeres en esa entidad. RICH ADDICKS | NYT

Por James Risen

WASHINGTON – Jennifer Smith, una sargento técnico de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, entró en la oficina de un alto oficial en la Base Aérea Kunsan en Corea del Sur con un montón de documentos. En lugar de firmarlos, dijo ella, él insistió en que se sentara. “Me dijo: ‘Es viernes en la tarde, ¿por qué no te quitas la blusa y te pones cómoda?’”, recordó Smith.

En Alemania, un sargento mayor que se ofreció a escoltarla a su casa trató de propasarse sexualmente, contó ella, y sólo se detuvo cuando intervinieron compañeros de trabajo. En la Base Shaw de la Fuerza Aérea en Carolina del Sur, EEUU, donde finalmente se quejó de la pornografía y otro material gráfico en las computadoras de la unidad, un supervisor le advirtió que se quedara callada, dijo ella.

Durante su carrera de 17 años como recluta para desempeñar labores administrativas para escuadrones de combate de la Fuerza Aérea, contó Smith, ha padecido repetidos asaltos y acosos sexuales. Señaló que decidió hablar ahora tras guardar silencio durante muchos años debido a que estaban involucrados altos oficiales o parecían tolerar el comportamiento impropio de los pilotos de combate, uno de los grupos más elitistas del Ejército.

“Rápido aprendí que las reclutas mujeres a las que les va bien son las que mantienen la boca cerrada”, notó Smith, quien presentó una denuncia formal en octubre, en la cual acusa que la Fuerza Aérea se ha hecho de la vista gorda ante las agresiones y el acoso sexuales generalizados contra las mujeres. “Presentar la denuncia es algo que acaba con tu carrera”.

La Fuerza Aérea declinó comentar sobre estos alegatos, citando las leyes de privacidad, pero dijo que actúa para combatir tal conducta dolosa. “El objetivo respecto de las agresiones sexuales en la Fuerza Aérea de EEUU es cero”, dijo el general Mark A. Welsh III, jefe de Estado Mayor de la Fuerza Aérea, en una declaración por escrito. “Si no es un comandante o un supervisor y no está involucrado directa y agresivamente para hablar con franqueza sobre el problema en su unidad, entonces, usted no es parte de la solución, es parte del problema”.

De cara a demandas y evidencia creciente de abusos sexuales generalizados en el Ejército, Leon E. Panetta secretario de la Defensa de Estados Unidos, reconoció este año que la cantidad de agresiones sexuales probablemente sea mucho más elevada de lo que muestran las estadísticas oficiales, porque se encubren muchos incidentes. Se reportaron más de 3,000 casos de agresión sexual en 2011 en todos los servicios militares, pero Panetta dijo que las cifras reales podrían ser de unos 19,000.

El Departamento de la Defensa encontró que cerca de una de cada tres mujeres en el Ejército ha sido agredida sexualmente, en comparación con una de cada seis civiles. Alrededor de 20 por ciento de las veteranas que sirvieron en Irak y Afganistán han sufrido alguna forma de agresión sexual o un trauma relacionado, según la Administración de Veteranos. “A pesar de la implementación de programas de prevención y mejores mecanismos para denunciar, las soldados mujeres siguen padeciendo el acoso y la agresión sexuales, y son renuentes a reportar las incidencias”, concluye un informe del Departamento del Trabajo de 2011.

Susan Burke, una abogada de Washington que representa a mujeres que dijeron haber sido víctimas de agresión o acoso sexuales y que han presentado una serie de demandas judiciales contra el Pentágono a partir del año pasado, dijo que desde entonces, otras más de 500 mujeres, incluida Smith, y unos cuantos hombres, la han contactado en busca de ayuda.

La Fuerza Aérea y otros servicios han instituido programas para impedir los abusos y disciplinar a quienes los cometen. Sin embargo, Smith, quien todavía está en servicio activo en la 20 Ala de Combate en Shaw, y otros en la Fuerza Aérea dijeron que muchas mujeres son escépticas.

La sargento técnico de la Fuerza Aérea, Kimberly Davis, asignada a la Base Aérea de la Guardia Nacional Stewart en Nueva York, dijo que después de denunciar que la habían violado, oficiales en la Base, incluido uno asignado para encargarse de los casos de agresión sexual, conspiraron para encubrir el incidente. “El programa de agresiones sexuales en la Fuerza Aérea es un chiste”, dijo.

Lola Miles, ex mecánica de helicópteros en la Fuerza Aérea en el Campo Hurlburt en Florida, contó que cuando le dijo a altos oficiales que un compañero la había golpeado repetidas veces en el trabajo y le había hecho comentarios vulgares, hicieron bromas al respecto. En lugar de tomar medidas en contra del colega, indicó, los líderes en su unidad buscaron desacreditarla y obligarla a salirse de la Fuerza Aérea. Tanto ella como Davis presentaron demandas judiciales contra la Fuerza Aérea.

Smith, con 35 años, ha trabajado en escuadrones de combate dentro de Estados Unidos y en ultramar durante la mayor parte de su carrera. Su versión de los abusos sugiere que más de 20 años después de Tailhook, el infame escándalo de 1991 provocado por pilotos de combate de la Marina, poco ha cambiado en la cerrada cultura de los pilotos de combate.

“No pueden lidiar con las mujeres en los escuadrones de combate”, notó Smith. “El Ejército avanza para deshacerse del ‘no se pregunta, no se dice’, pero todavía no están listos para lidiar con las mujeres.

“Los pilotos saben que los vemos como a nuestros héroes”, agregó. “Sólo es un juego para ellos, de verdad”.

Los alegatos de Smith no se pudieron confirmar en forma independiente porque no había reportado formalmente los incidentes hasta ahora, muchos de los cuales sucedieron hace años. Varias otras personas en la Fuerza Aérea, las cuales ella dijo que sabían de algunos de los casos, incluido su esposo, quien es un recluta en la 20 Ala de Combate, declinaron la solicitud de entrevista para este artículo por temor a las represalias. Su comandante del Ala, el coronel Clay W. Hall, no abordó ningún detalle, pero dijo en una declaración por escrito: “Tomamos estos asuntos con la máxima seriedad. Se investigan de inmediato todos los alegatos de mal comportamiento, y se toman medidas apropiadamente”.

La queja administrativa por escrito que presentó Smith ante la Fuerza Aérea nota que ha recibido sistemáticamente altas calificaciones en los reportes de desempeño. Se unió a la Fuerza Aérea en 1995, al egresar del bachillerato en Salamanca, Nueva York. Al año siguiente, durante su primera misión de servicio temporal en ultramar en la Base Aérea de Sembach, Alemania, un sargento maestro la agredió en la habitación de él, después haber estado bebiendo una noche, contó ella. Colegas varones que la rescataron le advirtieron que el sargento tenía fama de aprovecharse de las jóvenes reclutas, dijo.

En Kunsan, Corea del Sur, en 2001, prosiguió Smith, caminaba por el distrito de bares America Town cerca de la base, cuando un grupo de pilotos de combate salieron volando de un bar, la metieron cargando y la lanzaron sobre una mesa. Unos 30 pilotos se arremolinaron alrededor. Quedó atrapada en una “barrida”, cuando los pilotos de combate agarran a mujeres en la calle para las “ceremonias de nombramiento” o fiestas para beber y celebrar el nuevo apodo de un piloto. “Algunos pilotos llamaban a Kunsan ‘la tierra de haz lo que te plazca’”, comentó Smith. “Se salían con la suya en cualquier cosa”.

Ese mismo año, durante una fiesta en la casa del comandante de la base en Kunsan, varios pilotos la agarraron y la ataron junto a un piloto con cinta de embalar, a pesar de que opuso resistencia, platicó. Uno 20 pilotos o más se juntaron alrededor, pero no hicieron nada para detenerlo.

Cuando la transfirieron a la Base Luke de la Fuerza Aérea en Arizona, Smith, ya casada para entonces con un recluta de su unidad, asistió a una actividad familiar del escuadrón en el estadio Diamondbacks, en Arizona, en 2003, donde un piloto de la Fuerza Aérea le hizo comentarios sexuales en frente de su esposo. La pareja regresó a la base y presentó una queja sobre el acoso que ella tuvo que soportar ante el director de operaciones de su escuadrón, contó.

No pasó nada pero cuando se presentó a su siguiente misión en Shaw, un supervisor la jaló hacia un lado y le dijo que tenía fama de ser demasiado abierta. “Dijo que quería asegurarse de que yo entendía cuál era mi lugar en el mundo, y si no, las cosas podrían ser difíciles para mí”, recordó.

Comentó que finalmente se hartó y decidió revelar la situación a la prensa tras descubrir grandes colecciones de pornografía y otros materiales sexualmente gráficos y ofensivos guardados en las computadoras de la unidad y en una bóveda reservada, supuestamente, para documentos secretos en Shaw. Presentó la queja oficial ante oficiales séniores, que prometieron que se desharían de los materiales, pero no hicieron nada.

“He podido servir a mi país, pero también he tenido que aguantar mucho”, dijo la sargento. “Quiero que eso cambie”.