Ariel Sharón, siete años en coma y cada vez más en el olvido

Por en Mundo 01/2/13 11:50am
Ariel Sharón, ex primer ministro israelí, gobernó el país entre 2001 y 2006. DAVID SILVERMAN | GETTY

Por Antonio Pita

JERUSALÉN — El ex primer ministro israelí Ariel Sharón se acerca a su séptimo año en coma cada vez más en el olvido y con el que fuera su principal enemigo en el Likud, Benjamín Netanyahu, a punto de revalidar la jefatura de Gobierno en las elecciones del próximo día 22.

El jueves se cumple el séptimo aniversario del día en que Sharón, que tiene ahora 84 años, sufrió una hemorragia cerebral que le mantiene postrado en el hospital Tel Hashomer, cerca de Tel Aviv, y que ha ido perdiendo progresivamente la atención de los medios y la población.

Su estado de salud es, oficialmente, el mismo, sin mejorías ni empeoramientos conocidos, con uno de sus hijos, Guilad, defendiendo en una entrevista en 2011 que, “cuando está despierto”, su padre le mira y “mueve los dedos” si se lo pide.

“Está tumbado en la cama, parece el señor de la finca, durmiendo tranquilamente. Grande, fuerte, seguro de sí mismo. Sus mejillas tienen un sano matiz rojo. Cuando está despierto, tiene una mirada penetrante. No ha perdido un solo kilo, al contrario, ha ganado unos cuantos”, reza un párrafo del libro “Sharón: La vida de un líder”, escrito por Guilad.

El derrame cerebral, producido por la medicación que tomó el 4 de enero de 2006 para tratar un trombo, le motivó ocho intervenciones quirúrgicas (entre ellas la extracción de parte del intestino) en el Hospital Hadassa de Ein Karem, cerca de Jerusalén.

Los actuales costes de hospitalización suman anualmente unos 300,000 euros, que comparten el Estado y la familia.

Sharón gobernó el país entre 2001 y 2006. Un año antes del derrame cerebral creó un nuevo partido, el centro-derechista Kadima, para sacar adelante la evacuación unilateral de Gaza de colonos y soldados israelíes frente a la oposición interna en su partido, el derechista Likud, lideraba por Netanyahu.

Sin Sharón, personaje polémico pero respetado por bastantes israelíes, ni la bautizada como su “princesa” (la exministra de Exteriores, Tzipi Livni, al frente ahora de un nuevo partido, “Hatnuá”), ni Ehud Olmert (apartado de la primera línea política); Kadima corre ahora el riesgo de desaparecer.

Según los sondeos, la formación, liderada por Shaul Mofaz, pasaría de fuerza más votada en las elecciones de 2009 (28 diputados que Livni prefirió llevar a la oposición a aceptar el chantaje económico que proponía el partido ultraortodoxo sefardí Shas a cambio de su apoyo bisagra) a la muerte parlamentaria o, en el mejor de los casos, dos escaños.

Netanyahu, en cambio, está a punto de obtener su tercer mandato gracias a Likud Beitenu, la lista conjunta del Likud con el ultranacionalista Israel Beitenu, que -según los sondeos- será la más votada en los comicios y articulará una nueva coalición de Gobierno con otras formaciones de derechas, religiosas y quizás de centro.

Netanyahu, quien llegó a dimitir del Ejecutivo de Sharón por su oposición a la retirada de Gaza, protagonizó de hecho en 2011 una anécdota al dar por muerto a su antiguo rival político.

En un acto con el titular de Interior, Eli Yishai, el primer ministro dijo que el único líder en el último medio siglo que había reformado el mercado de la vivienda era “Ariel Sharón, que descanse en paz”.

Netanyahu se percató inmediatamente de su error, se disculpó y deseó una larga vida a Sharón, mientras algunos de los presentes se reían o comentaban la metedura de pata.

Un año antes, Guilad Sharón y su hermano Omrí habían organizado el traslado de su padre a su casa en la Granja de los Sicomoros, en el desierto del Neguev (sur de Israel), pero apenas 48 horas después fue devuelto al hospital por problemas para mantener allí la asistencia.

Nacido en 1928 en una cooperativa agrícola judía en la entonces Palestina bajo protectorado británico, “Arik” Sharón, como se le conoce popularmente en el país, acumula una larga y controvertida trayectoria político-militar en la que se convirtió en el símbolo del “líder fuerte”, partidario de operaciones duras y con un odio personal de larga data hacia Yasir Arafat.

Su nombre es motivo de controversia en todo el mundo principalmente por su papel indirecto en las masacres de palestinos de los campos de refugiados de Sabra y Shatila en 1982.

Su hijo Guilad fue recientemente objeto de polémica, al abogar en un escrito público por “aplanar toda Gaza”, ya que sus civiles “no son inocentes” por haber elegido a Hamás en las elecciones de 2006 y tienen ahora que “vivir con las consecuencias”.

“Los estadounidenses no pararon con Hiroshima. Los japoneses no se rendían suficientemente rápido, así que también atacaron Nagasaki”, señaló en una columna de opinión publicada en el diario The Jerusalem Post durante la operación Pilar Defensivo del pasado noviembre.