El papa viaja a Brasil para revitalizar a la Iglesia

Por en Mundo 07/21/13 3:38 PM

Por Laura Bonilla Cal

RÍO DE JANEIRO – El papa Francisco iniciará este lunes en Brasil, el país con más católicos del mundo, un periplo de siete días durante el cual buscará revitalizar a la Iglesia en Latinoamérica, su mayor feudo pero donde pierde terreno desde hace tres décadas.

El primer papa latinoamericano de la historia, de 76 años, ha mostrado su fuerte carisma y dado muestras de que busca una Iglesia más simple y más cercana a los pobres desde que fue entronizado en marzo, tras la sorpresiva renuncia de Benedicto XVI.

Argentino e hijo de italianos, Francisco presidirá la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) del 23 al 28 de julio en Rio, un “Woodstock católico” como se la ha llamado, a la que asistirán cerca de 1,5 millones de personas. También viajará a Aparecida, el mayor santuario católico de Brasil, en el estado de Sao Paulo.

El contacto del Papa con los jóvenes será sin gran pompa. Se prevé que sus actos improvisados y su voluntad de “oler a oveja” como su rebaño -como él mismo dice- pongan a prueba a los servicios de seguridad, por ejemplo cuando visite el jueves una pequeña favela gris y plana de la zona norte de Rio, o cuando presencie el viernes representaciones de las 14 estaciones del Vía Crucis en la avenida que bordea la playa de Copacabana.

El papa llega a Brasil poco después de las históricas manifestaciones de junio por mejores servicios públicos, contra la corrupción y los gastos del Mundial de fútbol de 2014, y que terminaron muchas veces en violentos enfrentamientos con la policía, saqueos y destrozos.

Ateos brasileños y el grupo Anonymous Rio, uno de los organizadores de las protestas de junio, también ha convocado para el lunes, el día de la llegada del pontífice a Rio, a una manifestación contra el gasto púbico de unos 53 millones de dólares -un tercio del presupuesto total-, que implica su visita y la organización de la JMJ en Rio.

Pero el Vaticano no se muestra preocupado y varios expertos destacan que la prédica de Francisco en defensa de los más desposeídos tiene mucha sintonía con los manifestantes.

“Creo que en Brasil (el Papa) proseguirá, profundizará y aclarará su Evangelio social. Desde que fue elegido, denuncia las nuevas formas de esclavitud, la explotación, la desigualdad, la irresponsabilidad de algunas fuerzas sociales”, dijo a la AFP el vaticanista Marco Politi.

América Latina, donde Francisco nació y vivió casi toda su vida, es la región con más católicos del mundo, cerca de 40%.

En Brasil el último censo de 2010 señala que representan el 64,6% de la población, contra 91.8% en 1970. Pero una encuesta de la empresa Datafolha publicada el domingo indica que la sangría de fieles ha seguido y que actualmente son un 57%.

Los evangélicos, en tanto, no paran de crecer y son más de 20% de la población latinoamericana, apoyados por su hábil manejo de la televisión y las redes sociales y una extensa red de templos. Solo en Brasil aumentaron de 5.2% de la población en 1970 a 22.2% en 2010 (42.3 millones), según el censo de 2010.

En Honduras, el país más violento del mundo, cientos de miles de evangélicos colmaron en la noche del sábado 18 estadios de fútbol para orar por “una nueva nación” de “unidad y prosperidad”.

El papa Francisco conoce bien el desafío de la Iglesia en la región. Defiende el acercamiento a Jesús y su espíritu misionero.

“Todos los que vienen a Río quieren escuchar a Jesús. Y quieren preguntarle: Jesús, ¿qué debo hacer de mi vida? ¿Cuál es el camino para mí?”, dijo el pontífice el domingo en la oración del Angelus en la plaza de San Pedro.

“El sello del papa Francisco en Brasil será el del diálogo, de la apertura, de recuperar el fervor del Evangelio”, dijo a la AFP Faustino Teixeira, profesor de Ciencias de la Religión de la Universidad Federal de Juiz de Fora, en Minas Gerais.

Según Teixeira, la opción del Papa por una Iglesia más austera y cercana a los pobres “se identifica profundamente con el horizonte de América Latina y de la Teología de la Liberación”, nacida en la región y condenada en los años 80 por el papa Juan Pablo II (que la acusaba de marxista) y con la cual Francisco da señales de reconciliación.