Van a cruzar y pedir asilo, huyen de la violencia en Michoacán

Por en Chicago 03/6/14 5:18pm
Cecilia García y sus hijas Fátima, de 12 años, y Jocelyn, de 9, se disponen a cruzar la frontera. CORTESÍA

Cecilia García se encuentra en Tijuana, lleva una bolsa con ropa, va en compañía de sus dos hijas, quiere entregarse a las autoridades de Inmigración estadounidenses en la frontera y pedirles una oportunidad de asilo y establecerse en Joliet, Illinois, donde vivían hace siete años.

El miércoles, Cecilia y sus hijas Fátima, de 12 años, y Jocelyn, de 9, ciudadanas estadounidenses, salieron de Maravatío, Michoacán. Dice que huyen de la violencia y la falta de oportunidades y que en Joliet las espera el padre de las niñas, a quien prácticamente no conocen.

Los García son una de varias familias binacionales que salieron de Estados Unidos tras la deportación de alguno de sus miembros, y que el 10 de marzo tratarán de cruzar la frontera sin papeles por la Mesa de Otay, Baja California Sur, para pedir asilo o visas humanitarias.

Las familias, coordinadas por la Alianza Nacional de Jóvenes Inmigrantes (NIYA), repetirán la estrategia que dos grupos de “dreamers” realizaron el año pasado para tratar de abrir casos de asilo. A algunos de ellos se les aprobó iniciar un proceso de asilo y otros fueron deportados.

Elvira Arellano, activista pro reforma migratoria y residente en Michoacán, dijo que las organizaciones Familia Latina Unida y Movimiento Migrante Mesoamericano colaboran con el proyecto, ayudando a las familias en su recorrido por México, y agregó que alrededor de 250 personas tratarán de cruzar con la esperanza de reunificar a sus familias, y para exigir al gobierno el cese de las deportaciones.

Según el Buró de Vigilancia de Inmigración y Aduanas (ICE), en el año fiscal 2013 deportó a 368,644 inmigrantes indocumentados. Es la primera vez que baja desde 2008 cuando el número de deportaciones aumentó año tras año.

“Me arriesgo a ser encarcelada”, dijo Cecilia García vía telefónica, “prefiero eso a estar en Michoacán siendo testigo de lo que pasa. Allá todo lo sabemos, todo lo escuchamos, todo lo vemos y tenemos que callarnos”, dijo refiriéndose a las actividades de los grupos del crimen organizado.

“En México mis hijas no tienen un futuro. A veces la desesperación por falta de oportunidades orilla a la gente a unirse a los grupos de delincuentes. No quiero seguir exponiendo a mis hijas”, dijo.