Hacia la reforma migratoria, vía Ruta de los Sueños
Hace cerca de dos meses que cuatro jóvenes latinoamericanos salieron caminando de sus casas en Miami, hacia a Washington D.C., vía la Ruta de los Sueños (Trail of Dreams). Los cuatro comparten un sueño: caminar 1,500 millas hasta las escalinatas del Congreso para abogar por una reforma migratoria para ellos, sus familiares y millones de indocumentados en el país.

"Queremos llegar a Washington para ser escuchados por los congresistas, tratar de influenciar para que se apruebe una reforma migratoria. Somos jóvenes que sólo queremos estudiar y buscar un mejor futuro", dijo Gaby Pacheco, quien llegó a Miami proveniente de Ecuador cuando tenía 7 años. Ahora con 25 años tiene tres licenciaturas relacionadas con la educación especial y un asociado en educación musical del Miami Dade Colleges ( MDC), la única institución que la aceptó como estudiante extranjera pagando cuatro veces más que los estudiantes legales.

Pacheco ha estudiado en el MDC desde que terminó la secundaria porque no ha podido ingresar a la universidad, pues su estatus migratorio no se lo permite. Su pasión siempre han sido los libros, las aulas, y es allí donde ha podido formarse y encontrar un refugio. Ella ha sido la única de sus tres hermanos que ha terminado una carrera en los colegios comunitarios.

Pacheco, Felipe Matos, Juan Rodríguez y Carlos Roa llegaron en febrero al estado de Georgia, después de recorrer por lo menos 20 pueblos en todo el norte de la Florida. Durante este tiempo han tenido por lo menos 50 reuniones con organizaciones pro inmigrantes, iglesias y gente del común.

"En este recorrido nos hemos dado cuenta cómo viven las comunidades inmigrantes, les falta mucha información. Hasta el momento la que más me ha impresionado es Mayo, Florida; ellos no tienen organizaciones, necesitan líderes que los apoyen", dijo Roa de 22 años, quien llegó a Estados Unidos desde que tenía 2 años, sus padres lo trajeron de Venezuela, ahora estudia arquitectura en MDC. "Como no están organizados les da miedo denunciar y son fácilmente victimas de robos y abusos. Nos tenemos que organizar para poder salir adelante".

Durante los cuatro meses del recorrido, los jóvenes habrán caminado los estados de la Florida, Georgia, Carolina del Sur, Carolina del Norte, Virginia y luego Washington D.C., donde esperan llegar el primero de mayo y reunirse a la manifestación que se efectúa en la capital como ya es costumbre en esa fecha. Dentro de la agenda también buscan la aprobación del proyecto de ley Dream Act para mejorar el acceso a la educación de los inmigrantes indocumentados que llegaron al país siendo menores de edad.

La iniciativa del recorrido también surgió de la organización Estudiantes Trabajando por Derechos Iguales (Students Working for Equal Rights, SWER), a la que pertenecen los jóvenes. "Necesitamos que al fin este año se hable de una reforma migratoria, hemos esperado mucho", dijo Pacheco. "Realmente todo esto sale de nuestra frustración, se han tenido varios intentos y nada pasa".

Seguir adelante

Cansados de solicitar ingreso en universidades y ser rechazados, estos jóvenes tomaron su propia iniciativa: caminar, caminar y caminar hasta ser escuchados. Creen que con este innovador trayecto podrán captar la atención de los legisladores a la hora de aprobar una reforma migratoria. Además ser las voces de miles de jóvenes que están en la misma situación.

Los estudiantes esperan que antes de este noviembre la administración de Barack Obama y el actual Congreso comiencen a discutir un proyecto de reforma migratoria. A finales de año son las elecciones del Congreso y las opciones pueden limitarse. Mientras que actualmente podría facilitarse con una mayoría demócrata en ambas cámaras, aunque las prioridades legislativas son definir el futuro de la reforma de salud, disminuir el desempleo del 9.7% y tratar de mejorar la situación económica del país.

"Veo esta acción de los jóvenes como algo positivo, son expresiones que salen del deseo claro, puro y honesto de la gran necesidad que hay que las cosas cambien", dijo Rafael Prieto de America's Voice, con sede en Washington. "Con esto se ve la necesidad que se apruebe una reforma migratoria o el Dream Act, los contribuyentes están haciendo una inversión en educarlos. Ahora hay que tratar para que ese esfuerzo no se pierda y crear profesionales", agregó.

No tienen miedo en las calles

Los muchachos tratan de caminar durante la mayor parte del día. Su jornada comienza desde las 7 am, cuando se preparan para continuar con el recorrido hacia la capital. Caminan por las orillas de las autopistas, con botellas de agua, con el morral al hombro y tratando de mantener el equilibrio. Su día termina a las 8 pm.

"No tenemos miedo pero sabemos del riesgo que estamos tomando. Lo hacemos porque nuestra vida es muy difícil en Miami y realmente está detenida por nuestro estatus migratorio. Realmente tenemos dos opciones: sufrir calladamente o buscar la libertad. Y nosotros hemos decidido pelear y caminar", dijo Felipe Matos de 23 años, proveniente de Brasil, quien llegó a Miami cuando tenía 14 años, y quien tiene un título de estudios internacionales de MDC.

"Las autoridades (de inmigración) no van a tomar acción en contra. Espero que no estén en peligro", dijo Prieto. Matos fue aceptado a la Universidad de Duke el año pasado pero en la carta de admisiones decía que no podía ingresar por su estatus migratorio. "Eso es algo muy duro. No podemos tener licencias de conducir, no podemos trabajar, por eso hemos decidido hacer esto. Sabemos que es un riesgo, pero no tenemos muchas opciones", dijo.

Diariamente los cuatro jóvenes recorren unas 18 millas. Cuando llega la noche las comunidades y los miembros de organizaciones de inmigrantes les dan posada y comida. Duermen en iglesias y en centros para inmigrantes, donde en el día posiblemente han tenido charlas y han conocido a la población inmigrante. Para mitigar los dolores de los pies tratan de poner en las noches los pies es agua caliente con sal de epsom. "Eso no nada con el dolor que la gente tiene", dijo Matos.

"Siempre hemos contado con el apoyo de las personas. Ellos se dan cuenta que estamos llegando a sus ciudad y nos reciben muy bien, con comida y los brazos abiertos, saben que es por una causa justa", dijo Pacheco.

La argentina Rita León, residente de Orlando, Florida, ofreció su casa para que los jóvenes pudieran dormir por un par de días. "Cómo no ayudarlos. Lo que están haciendo es de admirar. Yo sé que los chicos sufren mucho cuando están en esa situación, y hay que apoyarlos", dijo León, quien es ama de casa.

Para Matos la experiencia durante este recorrido ha sido el contacto con la comunidad, y darse cuenta que ellos no son los únicos que sufren por el hecho de ser indocumentados.

Un trabajo de equipo

Detrás de estos muchachos hay otras personas quienes se encargan de la logística, el encuentro con las comunidades y de tratar de encontrar la estadía. Uno de ellos es el profesor de pedagogía, Felipe Vargas de la Universidad de Indiana, quien este semestre dejó de dictar clases para seguirlos desde una minivan donada por la Coalición de Inmigrantes de la Florida y así cuidar por su seguridad en las carreteras.

"Yo creo en la causa. Por más de 10 años en Indiana he visto a muchos jóvenes que tienen casi el mismo problema, se gradúan y no pueden usar sus diplomas. Nosotros invertimos en las escuelas públicas, en ellos y después los quieren deportar a países que ellos ni conocen", dijo Vargas.