Un ejemplo de lo posible
A los 12 años emigró de su natal Zitácuaro, Michoacán, a Waukegan, y desde entonces cuenta que enfrentó toda clase de desafíos para alcanzar las metas que se propuso.

Como niño inmigrante, el pequeño Luis Correa navegó por un sistema escolar que le era ajeno; al año se inició en el comercio ambulante en el negocio de sus padres en un mercado callejero en California y trabajó como conserje en un edificio para sostener su carrera de educación, entre otras actividades que, según él, forjaron su carácter.

Hoy, como subdirector de la secundaria Waukegan, Correa reflexiona sobre su misión como educador y sobre las experiencias que forjaron su vocación de servicio.

¿Cuáles fueron los retos que enfrentaste al llegar a este país?

Primero fue el lenguaje y la diferencia cultural, el no sentirte en tu hogar, especialmente 20 años atrás, cuando no había tantos hispanos en Waukegan. Cuando llegué, éramos la única familia hispana en la cuadra. Quince años después sólo había una familia anglo en la misma cuadra.

¿Qué te motivó a continuar con tus estudios superiores?

Me gustaba la historia y fui a un junior college. Ahí aprendí inglés y después fui a la Universidad Estatal de California, en Fresno, donde obtuve mi licenciatura en esa especialidad. Regresé a la escuela después de un año, tomé cursos de pedagogía y enseñé en una preparatoria y luego en una escuela intermedia, acumulando experiencia y tomando conciencia que mi educación serviría para ayudar a otros jóvenes inmigrantes en Waukegan.

¿Cuáles son los desafíos que enfrenta el distrito escolar de Waukegan?

Entre ellos está la implementación de estas pequeñas unidades de aprendizaje en las que se dividió la escuela. Lo que hicimos fue tomar la escuela de 4,000 estudiantes y dividirla en nueve para tener un número más manejable.

¿Cuál es la situación de la deserción escolar, violencia, representatividad hispana en el personal docente y administrativo, y educación bilingüe?

Lamentablemente, el año pasado fuimos una de las escuelas con un alto nivel de deserción escolar que alcanzaba el 24 por ciento; sin embargo, en la clase del 2008 hubo 69 por ciento de graduandos, y este año, tuvimos 74 por ciento. No obstante, las cifras pueden ser engañosas por cuanto tenemos 18 por ciento de estudiantes que entran o salen de la ciudad debido a la movilidad social y esto afecta las cifras. En cuanto a violencia, avanzamos con la ayuda de la junta de educación que aprobó, a mediados de año, una norma para reducir las peleas entre pandillas. Trabajamos con la Policía local y contamos con un archivo propio que nos permite lidiar con estos alumnos y exhortarlos a corregir su conducta.

En cuanto al personal docente y administrativo, reconocemos que no refleja al segmento latino todavía, pero la diferencia ya se ve en este nuevo equipo de trabajo. Lamentablemente es difícil encontrar candidatos latinos con las cualidades necesarias para puestos de responsabilidad. Por otra parte, tenemos un director que apoya la educación bilingüe y se enfoca en promover la lectura y escritura porque hay una urgencia de que aprendan inglés más rápido y se les brindan muchos servicios y recursos.

¿Cuáles son tus proyectos y qué mensaje le envías a tus estudiantes?

Una de mis iniciativas es atraer a la comunidad por medio de proyectos estudiantiles de servicio que beneficien a la colectividad. El mensaje es: perseverancia. No dejarse caer, aprender de los errores y continuar hasta alcanzar la meta.

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