De regreso al pasado, en un tren de Metro
Cuando Armando Ybarra era un adolescente, a principios de los años 50, solía tomar los viejos tranvías para ir a la escuela y al trabajo en el Este de la ciudad.

La tarifa era de 10 centavos, y cuando los tranvías iban muy llenos, simplemente se agarraba de cualquier cosa a la mano y se colgaba del tren.

"La gente era muy amigable, muy sociable y te sentías a gusto", recuerda Ybarra, quien tiene actualmente 70 años de edad, al mismo tiempo que relataba que el operador del tranvía tocaba el timbre y mencionaba el nombre de cada parada.

Los Carros Amarillos desaparecieron en los 60. Pero el pasado viernes, Ybarra fue invitado a que probara los nuevos tranvías del Este de Los Ángeles.

Los viejos días regresaron a su memoria mientras se subía en la extensión de la Línea de Oro, que va de Union Station hasta el Este de Los Ángeles, y que se abrirá tentativamente al público el 15 de noviembre. No hay manijas en las puertas de los tranvías y los voluminosos trenes de antes ahora son unas máquinas muy cómodas que le costarán al usuario $1.25 el pasaje.

Ybarra se sentó en un asiento multicolor y observó las luces de los rieles antes de recordar el por qué le gustaba subirse mucho a los tranvías cuando era joven: la diversidad de la gente a bordo, el conversar relajadamente con otros pasajeros y la libertad de no padecer el estrés de manejar un automóvil.

"Te sientes parte de la comunidad al subirte a un tranvía", señaló Ybarra, quien asistió a una preparatoria en el Este y ahora vive en Whittier.

Dijo que estaba impresionado por los rieles: "De alta tecnología, silenciosos, suaves, [con] asientos muy cómodos".

El tren salió de Unión Station, en el centro de Los Ángeles, y pasó encima de la Autopista 101 hacia la Calle Alameda antes de dar vuelta hacia el este de la Calle Primera. La extensión tiene cerca de seis millas de largo, apenas 1.7 millas que son los túneles gemelos que corren por debajo de Boyle Heights.

Ybarra formó parte del viaje de "prueba", junto a sus compañeros de viaje, también residentes del área y funcionarios de la ciudad, como el alcalde Antonio Villaraigosa, el concejal José Huizar y la supervisora del condado Gloria Molina.

Huizar, quien creció en la zona después de la desaparición de los tranvías, dijo "antes apenas se podía explorar el resto de Los Ángeles. Agregó que el Río de Los Ángeles ha sido la división entre el este y el oeste y que la nueva línea de trenes, que cruza el río en el puente de la Calle Primera, podría ayudar a que Los Ángeles sea más unido.

Ybarra, usando un sombrero vaquero y un traje negro con blanco, se sentó lejos de los políticos.

"Oh, ¡wow!", se maravilló al entrar el tranvía en el túnel. Ybarra comentó que el viaje le recordó los días en que Boyle Heights era un distrito judío, donde era muy fácil encontrar pastrami y "corned beef" [un corte especial de res]. Hoy, la zona es latina en su mayoría.

El tren se detuvo en la estación subterránea Soto, donde un mapa enorme de Boyle Heights cubría una pared y junto él una escultura del nido de un pájaro se suspendía del techo y mantenía un huevo hecho de acrílico.

"Es muy, eh, creativo", mencionó Ybarra, que todavía trabaja para el Departamento de Agua y Electricidad.

El viaje continuó e Ybarra señaló hacia varios de los locales que frecuenta, como el taller de reparación de autos Neshek's en la Calle Tercera. El viaje se detuvo al final de las vías y regresó.

"Me gusta el diseño contemporáneo, es fresco", comentó Ybarra.

"Me sentí bien [en el viaje]", agregó. "Me recordó el pasado, buenos recuerdos. Podría cerrar los ojos y visualizar que estaba en los 50, viajando por las líneas P, R, o J, fue un buen sentimiento".

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