Fue la inmigración, estúpido

La legalización de los trabajadores sin papeles debe contemplar una vía a la ciudadanía, para no crear una masa de gente residente de segunda clase en el país. ERIC THAYER | ARCHIVO GETTY

El ex secretario de Comercio de la administración de George W. Bush, Carlos Gutiérrez, quien asesoró al ex candidato republicano Mitt Romney en su fallido intento de llegar a la presidencia, regresó al futuro después de la debacle electoral para su partido el pasado 6 de noviembre.

Hay que recordar que el político cubanoamericano fue el principal escudero del gabinete de Bush para impulsar el proyecto de reforma migratoria integral, que murió el 28 de junio de 2007.

En una epifanía generada por el abrumador rechazo de los votantes latinos a la política antiinmigrante de Romney y la perspectiva de que el partido de los elefantes no vuelva al poder por alienar al electorado hispano, igual que ocurrió con los afroamericanos, Gutiérrez se ha transformado en el nuevo paladín de la reforma migratoria integral y en un defensor a ultranza de la comunidad hispana.

Está acusando a la ultraderecha de su partido de haber causado el desastre, por su intolerancia. Ya anunció la conformación de un Comité de Acción Política, Republicanos por la Reforma Migratoria, con el abogado Charlie Spies, que recaudó millones de dólares para Romney. La diferencia es que esta vez el dinero se usará para apoyar a políticos republicanos que respalden la reforma migratoria y atacar a los que la obstruyan.

Gutiérrez ha recorrido los programas de televisión de política, con un mensaje que se podría equiparar al de la campaña del ex presidente Clinton en 1992, con el que logró la presidencia: “es la economía, estúpido”.

Así que: “Fue la inmigración, estúpido”, tendría que ser el lema simple del ex secretario de Comercio, para explicar la derrota de Romney y su ímpetu por la reforma.

Otros republicanos prominentes han reconocido la necesidad de sacar adelante un cambio integral en las leyes migratorias. El ex candidato presidencial, John McCain; el senador de Carolina del Sur, Lindsey Graham; el presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner; el líder de la mayoría en la Cámara, Eric Cantor; el ex gobernador de la Florida, Jeb Bush; y el congresista floridano Mario Díaz-Balart, entre otros, se han pronunciado por una solución al problema.

Hay algunas cosas básicas que los republicanos deben entender para ganarse el corazón de los latinos conservadores, en esta oportunidad que se les presenta.

La mayoría de los hispanos detesta que a los inmigrantes que carecen de estatus  migratorio se les llame “ilegales”, prefieren que los identifiquen como “indocumentados”.

Tampoco consideran sensible que a los trabajadores inmigrantes se les defina como “criminales”, si no han cometido delitos que ameriten ese calificativo, que en español, que se asocian con “homicidas”, “ladrones”, “violadores”, “corruptores de menores, “narcotraficantes” o “delincuentes comunes”.

La legalización de los trabajadores sin papeles debe contemplar una vía a la ciudadanía, para no crear una masa de gente residente de segunda clase en el país.

A los hijos de indocumentados nacidos en Estados Unidos, que por consiguiente son ciudadanos, no se les debe aplicar el rótulo de “niños ancla”, ni promover quitarles su derecho a ser estadounidenses.

No hay quienes no reconozcan que el inglés es el idioma del país, y que es necesario aprenderlo, pero oficializarlo solo busca conculcar derechos adquiridos para que sectores de la población comprendan asuntos fundamentales, en salud o leyes.

Los soñadores y los trabajadores agrícolas deben ser incluidos en la solución definitiva. Y por favor, no revisitar nunca el concepto de “autodeportación”

Se entiende que las medidas para asegurar las fronteras son necesarias y que tras una legalización, quienes ingresen al país lo tendrán que hacer bajo las normas migratorias, de acuerdo con el mercado laboral.

Entre tanto, un grupo de pastores evangélicos pidió en Washington, que la reforma comience a debatirse 92 días después de la posesión de Obama y yo estoy esperando “los regalos”, que según Romney, me envió el presidente por ser hispano y minoría.

—Rafael Prieto Zartha es el director editorial del semanario Qué Pasa-Mi Gente, en Charlotte, Carolina del Norte


El autor

Rafael Prieto Zartha es contribuidor Vívelohoy

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