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En esta imagen, tomada el 9 de enero de 2015, el disidente Wilberto Parada, reflejado en un espejo junto a su mujer y su hijo durante una entrevista, un día después de salir de prisión, en su casa en La Habana, Cuba. Funcionarios cubanos no respondieron a solicitudes de comentarios sobre la vida de los disidentes tras ser liberados. Entre la media docena de los 53 que están presos otra vez se encuentra Parada, arrestado en octubre de 2015 por protestar ante la fiscalía. (Foto AP/Ramon Espinosa, archivo)
Ramon Espinosa / AP
En esta imagen, tomada el 9 de enero de 2015, el disidente Wilberto Parada, reflejado en un espejo junto a su mujer y su hijo durante una entrevista, un día después de salir de prisión, en su casa en La Habana, Cuba. Funcionarios cubanos no respondieron a solicitudes de comentarios sobre la vida de los disidentes tras ser liberados. Entre la media docena de los 53 que están presos otra vez se encuentra Parada, arrestado en octubre de 2015 por protestar ante la fiscalía. (Foto AP/Ramon Espinosa, archivo)
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LA HABANA (AP) – Hace exactamente un año el gobierno cubano comenzó a liberar a 53 presos de una lista por la que el presidente Barack Obama había intercedido en el marco del restablecimiento de relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Para Washington, la excarcelación era una muestra de cómo el cambio de su estrategia hacia la nación caribeña rendía frutos.

A mediados de diciembre pasado, incluso, Obama indicó que una futura evaluación sobre la situación de los derechos humanos en la isla sería determinante para saber si iba a visitará Cuba este 2016, en lo que constituiría la primera gira de un mandatario estadounidense desde el triunfo de la revolución hace cinco décadas.

Pero información del gobierno de Estados Unidos y un examen realizado por The Associated Press sobre el destino de algunos de los 53 disidentes liberados muestran muchas de las contradicciones en la política y los esfuerzos de Washington por cambiar un modelo que el gobierno de Cuba aseguró que no modificará bajo ningún concepto o presión.

De los 53 presos, al menos 35 iniciaron los trámites para lograr el estatus de refugiados en la Embajada de Estados Unidos, lo que les permitiría vivir de manera permanente en el vecino país.

En algunos casos la respuesta para ellos se demoró debido a la investigación de antecedentes penales que debe realizar la sede diplomática a los disidentes, que en ocasiones no tienen que ver con actividades políticas.

Siete ya salieron de Cuba o están por hacerlo en las próximas semanas, lo que reduce las filas del débil y fragmentado movimiento opositor interno.

Otra media docena de los 53 están nuevamente en la cárcel bajo cargos que sus aliados aseguran son de carácter político, uno de ellos por saltar la cerca de la Embajada de Estados Unidos para intentar penetrar a la sede diplomática.

Mientras, un número indeterminado de disidentes abandonó el activismo político.

Entre la disidencia las opiniones sobre el deshielo binacional se muestra dividido: algunos alegan que Estados Unidos se centra en las relaciones diplomáticas y económicas en lugar de apostar por una mejora en los derechos humanos. Otros aseguran que al final el acercamiento conducirá a sustanciales mejoras para los cubanos.

Grupos globales como Amnistía Internacional indicaron que es al gobierno cubano y no al de Estados Unidos al que le toca actuar en su territorio.

“Amnistía ha visto como positivo el hecho de la restauración de las relaciones diplomáticas y sigue solicitando que se levante el embargo”, dijo Marselha Goncalves Margerin, directora de promoción de actividades para las Américas de AI en Estados Unidos.

“Las reformas que se tienen que hacer en términos de restricción de la libertad vienen del gobierno cubano, no del gobierno de Estados Unidos”, agregó la directiva de AI.

Goncalves Margerin cree que de todas maneras una visita de Obama a La Habana sería buena para que observe de manera directa lo que está pasando en la isla.

En Cuba, los disidentes no tienen estatus de opositores y las autoridades los acusan de estar pagados y orientados por grupos de interés en Estados Unidos, cuyo gobierno rompió relaciones con la isla en los años 60 y mantiene fuertes sanciones económicas para presionar por un cambio de modelo político en la nación caribeña.

En general los ciudadanos le tienen desconfianza a los disidentes, a quienes ven motivados por el dinero de los exiliados anticastristas o por la posibilidad de hacer méritos para irse a Estados Unidos.

Funcionarios cubanos no respondieron a solicitudes de comentarios sobre el tema.

Entre la media docena de los 53 que están presos otra vez se encuentran Wilberto Parada, arrestado en octubre por protestar ante una fiscalía y Vladimir Morera bajo cargos de asalto y quien, según sus colegas opositores, realizó una huelga de hambre que levantó a finales de año.

El caso más llamativo de los nuevamente presos de la lista de los 53 es el de Carlos Manuel Figueroa Alvarez, quien a finales de septiembre de 2015 y tras asegurar que había recibido un denegado por parte de la oficina que maneja las solicitudes de refugio de la sede diplomática estadounidense, brincó la cerca del edificio de la Embajada.

“El pidió ayuda a la Embajada porque tenía temor”, dijo a la AP Serafín Morán, amigo de Figueroa y también disidente.

Morán indicó que Figueroa le relató desde la cárcel que el 29 de septiembre recibió la noticia de que le rechazaron su pedido de refugio y el 30 de ese mes brincó la cerca de la Embajada. De allí fue sacado por los custodios, la policía cubana lo metió en una patrulla y ahora enfrenta cargos por allanamiento de sede diplomática.

Otra de las persona del listado de los 53 que reportó contratiempos en la oficina que maneja las solicitudes de refugio de la Embajada de Estados Unidos fue el rapero Ángel Yunier Remón, conocido como “El Crítico”, quien a lo largo de 2014 y antes de ser incorporado al listado de Obama, fue mencionado por el Departamento de Estado como víctima de represión política.